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Martes 29 Abril 2008

Esto no es exactamente un cortometraje. Bueno, ni exactamente ni de forma imprecisa; no lo es, y punto pelota. Se trata de un anuncio realizado con animación 3D para promover el consumo de productos lácteos en Francia. Y no, tampoco lo firma ningún famoso ni está protagonizado por una estrella, así que en principio no habría ninguna razón para que figurara aquí. Pero como es la cosa más bizarra y aberrante que he visto en mucho tiempo, no he podido dejar pasar la oportunidad de enlazarlo. O sea, ¿cómo describirlo?… Para empezar, sepan que el organismo que se encuentra detrás es el Centro Nacional Interprofesional de la Economía Láctea, que al menos por el nombre suena a una cosa seria.

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Pues imagínense, para incitar a los críos a beber leche y a atiborrarse de mantequilla y yogur, que ya se sabe que es bueno para el desarrollo de los huesos, no se les ocurre otra cosa que sacar a una vaca gigante, con unas no menos mastodónticas ubres, que empieza a soltar leche a chorro por sus cuatro pezones encima de unos esqueletos de aspecto grimosamente edulcorado que representan a los niños. Y no les cuento más, porque esto es pa verlo. Sólo añadiré que parece que los publicistas responsables de esta cosa gestaran la idea en pleno viaje lisérgico y que hubieran dado rienda suelta a sus fantasías sexuales más delirantes. Es… no sé… es como un encontronazo entre Tim Burton y Benny Hill (o Russ Meyer, si lo prefieren) con la oligofrenia de los Teletubbies. Su página web también anda cercana al Horror.

En la imagen: Fotograma del anuncio de Les Produits Laitiers - Copyright © Centre National Interprofessionnel de l’Economie Laitière. Todos los derechos reservados.

Miércoles 9 Abril 2008

En el anterior cromo de la colección comentaba cómo muchos de los títulos de crédito recientes que se apoyan, tanto en sentido figurado como materialmente, sobre paredes o arquitecturas más amplias, caso de los de “La habitación del pánico” y “Hostage”, no hacen sino recoger el testigo dejado por Saul Bass varias décadas atrás, y más concretamente el de sus clásicas creaciones para “West Side story” o “Con la muerte en los talones”. Otro trabajo cercano que se inspira en sus diseños es la secuencia introductoria de la comedia romántica “Hasta que la ley nos separe”, donde, sobre el fondo de una serie de planos urbanos en movimiento, las letras del equipo se van estirando hasta formar líneas paralelas, cuadros y redes, al tiempo que las imágenes se dividen en bloques y desplazan hacia los cuatro lados como cortinillas. Errr… bueno, más o menos; mejor verlo directamente. De hecho, así a lo tonto, a lo tonto, se convierte en una síntesis perfecta, pero en versión moderna, de muchas de las constantes de la obra de Bass: formas geométricas y figuras quebradas en constante movimiento —Pese a tratarse de una versión mucho más pobre, la apertura del thriller “Falsa identidad”, anterior a la primera, también echa mano a la misma tijera—.

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Tampoco el prólogo de los “Soñadores” de Bernardo Bertolucci escapa a los parentescos —de hecho, como decía mi compañera Almudena, la película entera está plagada de ellos—. Por mucho que aquí se cambien el cristal y el ladrillo por el metal de la parisina Torre Eiffel y se le añadan unas pinceladas de color, volvemos a toparnos con ese entramado como base por encima del cual descienden los créditos. Más letras estampadas sobre monumentos emblemáticos y con un intencionado tono retro, en los también llamativos títulos de crédito de “Good bye, Lenin!”, que ya nos ponían en antecedentes acerca del tema de esta película en la que Daniel Brühl se veía obligado a recrear la Alemania Oriental pre-caída del Muro para que su madre enferma continuara sumida en su burbuja comunista. Pero vayamos con un par de variaciones que, a pesar de seguir “dándose contra la pared”, supieron encontrar su propio estilo. Especialmente en el primer caso, porque si hablamos de títulos de crédito que se han ganado un espacio en la memoria por su originalidad y gracia, no podemos olvidarnos de la ya legendaria y exuberante animación, obra de Terry Gilliam, que servía como prefacio de “La vida de Brian”, el clásico del humor de los Monty Python. En este caso, no sólo se nos muestran los nombres de sus artífices grabados sobre piedra, sino que también son las propias letras, cayendo en plan Tetris, las que van construyendo los muros de esa Historia alternativa.

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Aunque mucho menos vistosa y colorista, también resulta ingeniosa la aportación psicodiagnóstica que nos trajo “Spider” de David Cronenberg. Tratándose de una cinta que se mueve dentro del opresivo y atormentado mundo interior de su protagonista, qué mejor idea que convertir las manchas de humedad y los desconchados de una vieja y sórdida pared en las manchas del Test de Rorschach. Por supuesto, en este grupo también incluiríamos las de “El orfanato”, pero a ésas ya las pusimos “de cara a la pared” por copiarse de “El rapto de Bunny Lake”. Otras veces las paredes son unas completas “iletradas”, pero el recorrido que emprende la cámara a través de ellas, sumergiéndose por laberínticos pasillos y habitaciones, nos permite ir entrando en el decorado y en el ambiente anímico donde tiene lugar la acción principal de un largometraje, como ocurría en otros dos ejemplos próximos: el muy alabado comienzo de “Sweeney Todd, el barbero diabólico de la calle Fleet”, de Tim Burton —tras colarnos por una ventana, en la mejor tradición hitchcockiana, descubríamos las góticas y ensangrentadas interioridades (bueno, más que sangre, aquello era de puro bote Titanlux) de esa especie de “casa del terror” en su faceta gastronómica—, y el preámbulo de “Hellboy”, de Guillermo del Toro, también al rojo vivo, y que, dado que se trataba de la adaptación de un cómic, se ayudaba asimismo de la prensa escrita.

Viene de:

En la imagen: Detalle de los títulos de crédito de “Hasta que la ley nos separe” © 2004 DeAPlaneta. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “Soñadores” © 2003 Lauren Films. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “Spider” © 2002 Manga Films. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “La vida de Brian” © 1979 HandMade Films y Python (Monty) Pictures. Todos los derechos reservados.

Viernes 28 Marzo 2008

Tampoco han faltado las películas que se han ayudado de los objetos, o mejor dicho, de su acumulación desmesurada y metódica, para plasmar la obsesión que atenaza a determinado personaje, o como síntoma de un enfermizo anhelo de posesión y control que va más allá de lo material y anecdótico, y que a menudo se ha asociado a una mente criminal. Tal era el caso del clásico de William Wyler “El coleccionista” o de “El viaje de Felicia” de Atom Egoyan, por poner dos ejemplos que ahora me vienen a la cabeza. Ese afán recopilatorio también se dejaba ver en los títulos de crédito del aún cercano debut en la dirección del actor Liev Schreiber, “Everything is illuminated (Todo está iluminado)” —de nuevo, tendrán que acudir al apartado “Feature Titles” de la web del estudio responsable para ver el vídeo—.

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Aquí el impulso coleccionista de Elijah Wood surgía de una necesidad de preservar la memoria familiar e histórica, de la búsqueda desesperada de unas raíces; circunstancia que no podría haber sido expresada de una forma mejor que como se hizo: a través de la imagen de unos insectos encapsulados en ámbar y de una exposición de retratos antiguos que aparecen convenientemente colgados a lo largo de un extenso mapa —¿a quién le cuesta adivinar que, además, hay un viaje por medio?—. Otras veces, las pertenencias adquieren estatus de bienes o trofeos, se convierten en el vanaglorioso testimonio de éxitos pasados o presentes, como ocurre en la exhibicionista introducción de “Semi-Pro” —pulsen en “The Work” para acceder a ella—, una comedia deportiva todavía pendiente de estreno en España, protagonizada de nuevo por Ferrell. Las fotografías vuelven a ser las estrellas, pero con un sentido y dentro de un marco —además literal— bien distintos. O también puede ser que la repetición de un mismo motivo se deba, simple y llanamente, a que el objeto en cuestión es el protagonista del propio título de la cinta, caso de la monotemática presentación de “La bufanda verde”. Bueno, o a eso, o a que el presupuesto no daba más de sí, y suerte que la abuela del director era aficionada al punto-media. En cualquier caso, los podrán tachar de sosos, pero nunca de fríos.

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Ya habíamos visto también cómo objetos en principio anodinos eran capaces de representar simbólicamente el tema o argumento de una cinta, haciendo suya esa máxima de que una imagen vale más que mil palabras —o, en este caso, más que mil acciones—. Una muestra todavía más gráfica, aunque desde luego mucho menos sutil y perspicaz —¡no le pidan peras a una comedia romántica al servicio de Lindsay Lohan!—, se halla en la animosa entrada de “Devuélveme mi suerte”. A ver, a ver… ¿Qué podríamos esperarnos en los títulos de crédito de una película que, como su propio nombre indica, gira alrededor de la suerte? Pues faltaría más: un trébol de cuatro hojas, un llavero hecho con una pata de conejo, monedas, dados, una herradura, un salero derramado, un gato negro o una escalera. ¡La imaginación al poder! En otros títulos de crédito, sin embargo, los objetos combinan ambas vertientes, la descriptiva y la simbólica; funcionan al mismo tiempo como posesiones personales, reflejo de un determinado ambiente y resumen o adelanto de la trama. Dentro de esta categoría “mixta” tenemos la animación de aires retro, chic pero algo insípida, que daba paso a “Desenfocado” o el desfile un tanto kitsch de personajes, objetos y escenarios que precede a la colombiana “Paraiso travel”.

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A menudo también sucede que una única cosa es a la vez símbolo y protagonista de la acción. Sin ir muy lejos, la trayectoria de una bala, desde su proceso de fabricación hasta el fatídico momento en que encuentra a su destinatario último, se encargaba de abrir, de forma tan brillante como rotunda, la crítica “El señor de la guerra” —En realidad, la “carrera armamentística” en los títulos de crédito daría para hablar largo y tendido (tan largo y tendido, de hecho, como lo están sus víctimas). Por citar tan sólo dos ejemplos más, en “El mañana nunca muere”, además de relojes y circuitos, teníamos que las balas se fusionaban con esculturales siluetas de chicas (ya de por sí bastante “cosificadas” en las películas de James Bond, todo hay que decirlo), mientras que en la última entrega de la saga, “Casino Royale”, Daniel Craig flotaba entre pistolas que disparaban figuras surgidas de una baraja de póquer—. Algo muy parecido pasa con la sofisticada y original cortinilla de “Devil’s drug”, realizada mediante animación digital: Una tarjeta de crédito, una raya de cocaína y un tubito para esnifar son los encargados de presentarnos a los responsables de este documental sobre la droga. De todas formas, bastaría con echarle un vistazo a esta escena del “Bitelchus” de Tim Burton para convencernos de que los objetos son cualquier cosa (ja-ja) menos inertes y pasivos. Menos da una piedra, oiga.

Viene de:

En las imágenes: Detalle de los títulos de crédito de “Everything is illuminated (Todo está iluminado)” © 2005 Warner Sogefilms. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “Devuélveme mi suerte” © 2006 Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “Paraiso travel” © 2008 Paraiso Pictures. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “Casino Royale” © 2006 Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “El señor de la guerra” © 2005 Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “Devil’s drug” © 2006 Suspicious Packaging. Todos los derechos reservados.

Jueves 29 Noviembre 2007

La gente de “Muchachada nui”, ya saben, ex “La hora chanante”, se quejan de que sus seguidores ven el programa a través de YouTube en lugar de hacerlo por la tele. Y la verdad es que no me extraña nada. A mí cada vez me da más pereza instalarme delante del televisor para tragarme una interminable sarta de anuncios ocasionalmente interrumpidos por breves lapsus de… eeer… ¿cómo se llamaba eso que ponen cuando no echan publicidad?… y cuando me doy cuenta, ya se me ha pasado el programa.

Una de las últimas parodias que realizaron este equipo cómico dentro de su espacio “Celebrities” fue la dedicada al controvertido director danés Lars von Trier, y claro, como no podía ser menos, ya se encuentra disponible en el Tubito… Creo que no me reía tanto desde su ya mítica imitación de Tim Burton en “Testimonios”, con la que consiguieron que se me saltaran las lágrimas y todo. Por si alguien no los conocía todavía, o simplemente quiere recordarlos, también os dejo su sketch sobre ex niños prodigio como Joselito, Macaulay Culkin y Shirley Temple, y su parodia de Paris Hilton.

En la imagen: “Lars von Trier” en “Muchachada Nui” - Copyright © 2007 Radio Televisión Española.

Viernes 26 Octubre 2007

Si de algo sirvió “Ratatouille”, entre otras muchas cosas, fue para confirmar las excepcionales dotes de un cineasta que, en cuestión de pocos años, se ha convertido en un todo un referente a seguir dentro de la animación actual. Antes incluso de despuntar en el cine con “El gigante de hierro” y de saltar definitivamente a la fama con “Los Increíbles”, Brad Bird ya había dado sobradas muestras de su talento en un cortometraje de 1987 titulado “Family dog”. Aquella pieza de animación tradicional fue la encargada de inaugurar la serie de televisión “Cuentos asombrosos”, un espacio dedicado al terror, al fantástico y a la ciencia-ficción que, a lo largo de sus distintos episodios, reunió a gente como Steven Spielberg, Joe Dante o Richard Matheson detrás de las cámaras.

El éxito de “Family dog” fue tal que en 1993 acabaría teniendo su propio programa. Y no es para menos, puesto que al genio de Bird se sumaron el de Tim Burton, quien se encargó del diseño de los personajes, y el de Danny Elfman en su banda sonora, ahí es nada. El argumento de este brillante trabajo sigue las peripecias de un simpático perrito que vive con una desagradable familia de clase media en los suburbios, utilizando su mirada para ofrecernos una visión del mundo que es al mismo tiempo ácida y tierna, espeluznantemente surrealista a la par que tremendamente cotidiana, pero siempre siempre descacharrante e incisiva. “Family dog” se encuentra disponible en YouTube dividido en tres partes, y creánme cuando les digo que pocas cosas tan requetestupendas han visto en su vida.

Family Dog (1ª parte) | Family Dog (2ª Parte) | Family Dog (3ª Parte)

En la imagen: Fotogramas de “Family dog” - Copyright © 1987 Amblin Entertainment y Universal TV. Todos los derechos reservados.