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Viernes 16 Mayo 2008

“Orange blossoms for Violet” es con toda probabilidad una de las joyas de la arqueología bizarra más espeluznantemente grotescas que ha sacado adelante un gran estudio, la Warner Bros. en este caso, en todos sus años de vida, incluidos, me atrevo a decir, los que están por venir. Si no ha pasado a la Historia es simplemente porque todos los que la han visto tratan de olvidar tan sórdida experiencia. Los que no lo han conseguido, coinciden en otorgarle un puesto de honor en las estanterías del Museo del Horror cuando se reúnen en el patio del psiquiátrico. Esta presunta comedia familiar, concebida en 1952 como parte de los cortometrajes de la serie “Looney tunes”, fue una de las primeras películas protagonizadas por animales reales actuando como personas a los que se les incorporaron voces humanas. Aunque, como podrán comprobar, esto último sea mucho suponer, ya que aún está por confirmarse la procedencia humana no sólo de las voces, sino del equipo creativo de semejante engendro diabólico. Respecto a la noción “animales reales”, viendo algunas de las criaturas que aparecen con aspecto de autómatas disecados, está claro que no se contempla como sinónimo de vivos, al menos no cerebralmente.

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Si el subgénero de los animales parlanchines, también llamado no en vano en ocasiones “horror animal”, no es que sea conocido precisamente por haber dado grandes frutos hasta nuestros días, salvo alguna que otra honrosa excepción, imagínense qué pudo salir de semejante concepto cuando a la precaria tecnología de la época le sumamos: a) la presencia de unos macacos con más estrés facial que Jim Carrey y el mismo sex appeal que el Fary comiendo limones, a los que, por si no resultaran suficientemente grimosos todavía con su oligofrénica imitación humana, se los acaba de ridiculizar embutiéndolos en unas pelucas y trajes estrafalarios; b) unas voces estrambóticas y chirriantes que sólo encajan con los movimientos de la boca cuando los animales están de espaldas a la cámara; c) una trama esperpéntica de folletín romántico barato plagada de situaciones surrealistas; d) ciertas observaciones racistas; y e) un sentido del humor desviado que se basa en la idea de que lo desagradable ha de ser por fuerza gracioso, así que esto debe de ser el descojone total. Como no quiero arruinarles las sorpresas que nos depara esta pesadilla, no les cuento más; simplemente véanla… si se atreven.

En la imagen: Fotograma de “Orange blossoms for Violet” - Copyright 1952 © Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados.

Jueves 15 Mayo 2008

Lo que propone Pixlporn se encuentra a medio camino entre la experiencia que suponía ver las películas porno del Canal Plus codificadas y visitar una feria de arte moderno, o sea, entre un desesperado ejercicio de imaginación y la más completa tomadura de pelo. Y como muestra, un botón, o mejor dicho, un pezón, sí, un pezón: el que tienen abajo concretamente, pertenece a Penélope Cruz. «¿Cómo? ¿Qué? ¿Mande? ¡Pues sí que hace tiempo que no le quito el polvo a mi monitor!»

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Efectivamente. En su galería de fotos se exhiben las partes más íntimas de celebridades como Pamela Anderson, Halle Berry, Paris Hilton, Uma Thurman, Amanda Peet, Nicole Kidman, Catherine Zeta-Jones, Lindsay Lohan, Madonna, Ben Affleck, Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Matt Damon o Clive Owen, entre muchos otros, pero tan superpixeladas que el resultado son… ¡unos recatados cuadraditos de color rosa! Por si hubiera dudas sobre su procedencia, en cada imagen se adjunta la fuente y la parte de la anatomía a la que pertenece. «Pues vaya tontería», dirán algunos mientras no pueden dejar de escudriñar toda la colección en busca de algún rasgo reconocible. ¡Ay, pero qué calados los tengo! En cualquier caso, también habrá algún fan al que le ayude a elegir el color de la pared: «Jo, tía, me he pintado el cuarto Rosa Culo de Shia LaBeouf. Mola maz».

En la imagen: Detalle de la web de Pixlporn - Copyright © Pixlporn. Todos los derechos reservados.

En este vídeo-demostración del trabajo de Bill Pollock para el estudio Room se puede contemplar el efecto antes-y-después del retoque photoshopero en los videoclips de conocidas estrellas de la música. Gente como Paris Hilton, Beyoncé Knowles, Ricky Martin, Britney Spears o Snoop Dog se libran de sus ojeras, arrujas, granos, cráteres faciales, cartucheras, papadillas y barrigas cerveceras gracias al bisturí digital.

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Aunque se trata de cantantes, algunos de ellos han incursionado —¿o en este caso deberíamos decir incurrido?— en el cine, y qué carajo, estas cosas siempre son curiosas y además se puede aplicar perfectamente el mismo cuento a las películas. Irónicamente, en Room también se dedican a los efectos especiales, como si esto no fueran ya efectos especiales. [Vía Milk & Cookies ]

En la imagen: Paris Hilton retocada - Copyright © Room. Todos los derechos reservados.

Viernes 9 Mayo 2008

Hace unos meses les traje un par de cortometrajes que Jason Reitman había realizado antes de saltar a la fama con “Gracias por fumar” y “Juno”, y en los que el muchacho ya apuntaba buenas maneras. Más recientemente, Reitman ha dirigido y escrito una pieza cómica para el televisivo Saturday Night Live que lleva por título “Death by chocolate”. Su protagonista es un mimo desquiciado, valga la redundancia, que, disfrazado de tableta de chocolate, se dedica a acabar con la vida de vagabundos y ancianos terminales con travieso desahogo, como si de un pizpireto psychokiller se tratara. Lástima que Melendi no se le pusiera a tiro.

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Atención, porque el que se esconde debajo del disfraz es Ashton Kutcher, protagonista de “El efecto mariposa” y “Colega, ¿dónde está mi coche?”, y presente en la cartelera con “Algo pasa en Las Vegas”. Por cierto, “death by chocolate” es el nombre de un pastel, además de una expresión muy común en Estados Unidos, por lo que el número juega con el doble sentido del concepto. Es como si aquí se hiciera uno titulado “Pedos de monja” y… bueno, dejo a su entera imaginación cuál sería su “alimenticio” argumento y la letal arma de la que se valdría su asesino.

En la imagen: Fotograma de “Death by chocolate” - Copyright © 2008 NBC. Todos los derechos reservados.

Miércoles 7 Mayo 2008

The Alamo Drafthouse es una legendaria sala de cine de Austin (Texas) que, entre otras cosas, acoge el Fantastic Fest y ofrece ciclos especiales dedicados a clásicos del género a lo largo de todo el año. Con el tiempo, se ha convertido en un centro de peregrinación para todos los aficionados al cine fantástico, de ciencia-ficción y de terror, que no sólo acuden atraídos por su selecta programación, sino porque esta sala independiente incluye un concepto revolucionario y diferente del entretenimiento. A título de ejemplo, delante de cada fila de butacas hay una larga mesa para que los espectadores puedan cenar o tomarse un refresco a gusto durante la proyección. Dentro de ese toque de distinción, el Alamo también es conocido porque sus responsables lanzan carteles personalizados de aquellas películas que exhiben, en lugar de utilizar las versiones oficiales como el resto de cines.

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Se los encargan a algunos reputados artistas y luego los ponen a la venta en ediciones limitadas, agotándose enseguida. En SlashFilm han estado recogiendo algunos de estos pósters, caso de las creaciones de Tyler Stout para títulos como “Golpe en la pequeña China” (y 2), “Jóvenes ocultos”, “Blade runner” o “La cosa”, los diseños de Todd Slater para “El paneta de los simios”, o los de Wes Wiship para “King Kong” y Jay Ryan para “2001: Una odisea del espacio”, entre otros. Pero esta original iniciativa no se agota con los clásicos, puesto que también han hecho lo propio con “Iron Man” y “Speed Racer”, ambos obra de Jesse Philips. Por lo visto, también es posible adquirirlos en Mondo Tees, una tienda virtual de la que os hablé con anterioridad a propósito de sus camisetas jeviatas de directores.

En la imagen: Carteles alternativos de “2001: Una odisea del espacio”, “Golpe en la pequeña China” y “King Kong” - Copyright © Jay Ryan, Tyler Stout y Wes Whiship. Todos los derechos reservados.

“Gremlins”, el clásico de la fantasía familiar digirido por Joe Dante en 1984 a partir de un guión de Chris Columbus, se acabó convirtiendo en un inesperado alegato a favor del movimiento punk al presentarnos a unos tipos alérgicos al agua y a la luz del sol que lucían un agresivo look, con cresta incluida en algunos casos, y arrasaban con todo lo que pillaban a su paso.

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Ustedes dirán “a favor no, que eso era cuando se volvían malos”, pero a mí lo que me parecía realmente siniestro era esto, que pasaba por ser el bueno; en el “chino” de mi barrio venden peluches a 1 Euro menos perturbadores para los tiernos infantes, que ya es decir. La cuestión es que los gremlins versión Chicho Terremoto han vuelto dos décadas después para protagonizar este anuncio de BT en el que se dedican a sabotear la oficina de Peter Jones de “Dragons’ den”.

En la imagen: Fotograma del anuncio de BT - Copyright © 2008 Swarm. Todos los derechos reservados.

Lunes 5 Mayo 2008

Sus prácticas sexuales incluyen el hermafroditismo, las amputaciones, la necrofilia y diversas aberraciones físicas, desembocando en ocasiones en la muerte de uno de los miembros de la pareja. Y para sacarles de dudas antes de que esta inocente, discreta y para nada sensacionalista introducción conduzca a sus morbosas mentes al punto de ebullición, debo aclarar que los protagonistas de semejante repertorio de conductas son insectos. Pero no insectos en plan “eres un gusano rastrero”, aunque algo de eso haya también, sino insectos insectos de verdad, con sus alitas, sus patitas peludas, sus antenitas y sus cositas todas. Lo que nos lleva a preguntarnos entonces por qué los documentales de naturaleza tienen tan poca audiencia. La veterana actriz y modelo italiana Isabella Rossellini, que es más larga que el Discovery Channel y el National Geographic juntos, se dio cuenta de que aquí había un terreno por explotar, y ha creado un nuevo género cinematográfico llamado “porno verde” que, aunque parezca un término redundante, es una fusión del ecologismo de divulgación científica con el cine guarrindongo, que también instruye lo suyo. Lars von Trier ya debe de haberse comido las uñas hasta la altura de los muñones porque la idea no se le ocurrió a él.

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La iniciativa, titulada “Green porno”, está formada por varios cortometrajes que la propia Rossellini ha dirigido, escrito y protagonizado, y que nos ofrecen una perspectiva cómica y bastante incisiva de la pintoresca vida sexual de los insectos. A fin de cuentas, lo de la “mosca cojonera” de algún lado ha de venir. La cuestión es que, así de entrada y viendo algunas imágenes de la buena mujer disfrazada de bicho, uno piensa que a la pobre la ha abandonado la cordura… bueno, la cordura, el dinero y los amigos, pero, dejando al margen lo delirante del asunto, el resultado es bastante ingenioso y divertido, y, sobre todo, la Rossellini demuestra que sabe reírse de sí misma. Y es que ya que te lanzas al artisteo multidisciplinar, al menos no te tomes tan en serio que aburras. Esta colección de cortos fue presentada en las últimas ediciones de los festivales de Sundance y Berlín, y se puede ver desde hoy mismo por Internet a través del Sundance Channel, aunque los que vivimos fuera del territorio de Estados Unidos por lo visto tendremos que esperarnos hasta julio. De todas formas, algunos de los gags aparecen recogidos en los tráilers “Sex to die for”, “Genital geometry” y “If I were”, además de en estos dos vídeos que incluyen una entrevista y una presentación a cargo de su entera responsable.

En la imagen: Fotograma de “Green porno” - Copyright © 2008. Todos los derechos reservados.

Y continuamos con los montajes audiovisuales, aunque éste tenga un tono más jachondo que el que os traía antes mi compañero Joaquín, quien, dicho sea de paso y siempre desde un ánimo constructivo, por lo visto no tiene suficiente con escribir en los otros cinco blogs, y ahora también quiere extender sus manazas a mi reino. Rizando el rizo de las versiones abreviadas de conocidas películas, nos llega ahora este vídeo que resume un buen puñado de éxitos de taquilla recientes en 5 segundos a lo largo de 5 minutos.

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Claro que su noción del paso del tiempo es tan relativa como la de Sara Montiel cuando habla de su edad. Entre las protagonistas, las trilogías de “Star Wars”, “El Señor de los Anillos” o “Piratas del Caribe” junto con títulos como “La pasión de Cristo”, “300″, “Jurassic Park: Parque Jurásico”, “Titanic”, “Men in black: Hombres de negro” y la saga “Rocky”. Es una burrada, pero algunas de las imágenes y diálogos seleccionados como síntesis de su argumento y espíritu tienen bastante gracia. [ Vía Milk and Cookies ]

En la imagen: Chewbacca en “El Imperio contraataca” - Copyright © 1980 Lucasfilm Ltd. Distribuida por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

Todo el mundo conoce “Jumper”, esa película de Doug Liman en la que Hayden Christensen se pasea por medio mundo gracias a sus extraordinarias habilidades y en la que Samuel L. Jackson luce uno de esos peinados que sin duda pasará a la Historia del Cine. Al filme no le fue mal en la taquilla, recaudando unos decentes 214 millones de dólares en todo el mundo, si bien dichas cifras tampoco es que aseguren el rodaje de una inmediata secuela (en la que, por cierto, esperemos que Diane Lane tenga una mayor presencia).

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El caso es que, teniendo en cuenta lo anterior, me llama la atención que a distintas personas se les haya ocurrido la misma idea: sobreponer el audio del tráiler de “Jumper” con el de distintas escenas de la serie de televisión “Smallville”. Muy bien, cierto que uno de los dones de Clark Kent es el de la supervelocidad y que los efectos especiales de algunos pasajes del filme pueden parecerse a los de dicha producción para la pequeña pantalla, pero, en fin, me resulta chocante que se haya dado esta curiosa coincidencia. El resultado de semejante experimento pueden disfrutarlo tanto en español como en inglés. No es por ser patriota, pero lo cierto es que me gusta bastante más cómo ha quedado el primero.

En la imagen: Hayden Christensen en “Jumper” © 2008 Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados. Tom Welling en “Smallville” © 2001-2008 Warner Bros. Television, Tollin/Robbins Productions y Millar Gough Ink. Todos los derechos reservados.

Miércoles 30 Abril 2008

Con la holgada experiencia que le proporcionan sus veinticuatro años y medio, Scarlett Johansson ha decidido que ya estaba preparada para sumarse a las filas de los artistas poliflagélicos. No sólo ha pegado el salto detrás de la cámaras, sino que también se ha propuesto estamparse directamente contra el mundo de la música. El 20 de mayo saldrá a la venta su álbum debut, “Anywhere I lay my head” (eso digo yo, ¿dónde te la habrás dejado?), en el que, haciendo gala de la humildad que se espera en un recién llegado, ha apostado por versionar temas de un tal Tom Waits, que por lo visto es un compositor en ciernes al que quiere ayudar a abrirse paso, acompañándose en los coros por otro protegido suyo, David Bowie, que también tendría poco futuro en solitario. Como anticipo, ya se ha dado a conocer el videoclip de su primer sencillo, “Falling down” (traducido: cayendo, hundiéndose), cuyo título ya nos pone sobre aviso de la trayectoria que nos depara la moza.

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¿Tan malo es?, se preguntarán ustedes. No, es peor que malo; es soporíferamente ridículo. La canción en sí, todo hay que decirlo, consigue escapar de lo mediocre para arrojarse en brazos de la anodino, y su voz tiene el mismo brillo que la de un mapache resfriado envuelto bajo cinco mantas, pero lo realmente absurdo es el vídeo, de una pose tan indie-wannabe, buscando epatar al personal, que hasta yo he llegado a preguntarme por qué, puestos a impresionar, no le habría dado por enseñar las tetas como a Paris Hilton. Aparte de tratarse de un ejercicio de autocontemplación bastante metido con calzador —la propia Scarlett es su protagonista, recreándose en planos de su persona tan apasionantes y seductores como los que nos proporcionaría una crónica documental sobre la depilación de su bigote con pinzas—, y de arrastrarse por tópicos tipo “qué duro y solitario es ser famosa”, “mira, mira, salgo con la cara lavada para que aprecies mi mundo interior” y “¿a qué huelen los globos de chicle?”, tiene ese estilo tan estudiadamente descuidado y anémico, y está tan plagado de imágenes vacías pero pretendidamente poéticas que no vienen a cuento —lo mismo sale por ahí en medio un insecto palo que Salman Rushdie, que siempre hace de muy intelectual… lo de Rushdie, no lo del insecto palo—, que seguro que Mari Sofi Coppola ha sido una de sus fuentes de expiración.

En la imagen: Fotograma del videoclip “Falling down” - Copyright © 2008. Todos los derechos reservados.