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Miércoles 7 Mayo 2008

The Alamo Drafthouse es una legendaria sala de cine de Austin (Texas) que, entre otras cosas, acoge el Fantastic Fest y ofrece ciclos especiales dedicados a clásicos del género a lo largo de todo el año. Con el tiempo, se ha convertido en un centro de peregrinación para todos los aficionados al cine fantástico, de ciencia-ficción y de terror, que no sólo acuden atraídos por su selecta programación, sino porque esta sala independiente incluye un concepto revolucionario y diferente del entretenimiento. A título de ejemplo, delante de cada fila de butacas hay una larga mesa para que los espectadores puedan cenar o tomarse un refresco a gusto durante la proyección. Dentro de ese toque de distinción, el Alamo también es conocido porque sus responsables lanzan carteles personalizados de aquellas películas que exhiben, en lugar de utilizar las versiones oficiales como el resto de cines.

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Se los encargan a algunos reputados artistas y luego los ponen a la venta en ediciones limitadas, agotándose enseguida. En SlashFilm han estado recogiendo algunos de estos pósters, caso de las creaciones de Tyler Stout para títulos como “Golpe en la pequeña China” (y 2), “Jóvenes ocultos”, “Blade runner” o “La cosa”, los diseños de Todd Slater para “El paneta de los simios”, o los de Wes Wiship para “King Kong” y Jay Ryan para “2001: Una odisea del espacio”, entre otros. Pero esta original iniciativa no se agota con los clásicos, puesto que también han hecho lo propio con “Iron Man” y “Speed Racer”, ambos obra de Jesse Philips. Por lo visto, también es posible adquirirlos en Mondo Tees, una tienda virtual de la que os hablé con anterioridad a propósito de sus camisetas jeviatas de directores.

En la imagen: Carteles alternativos de “2001: Una odisea del espacio”, “Golpe en la pequeña China” y “King Kong” - Copyright © Jay Ryan, Tyler Stout y Wes Whiship. Todos los derechos reservados.

Martes 18 Marzo 2008

La sobreexplotación industrial que está sufriendo el cine de terror de un tiempo a esta parte, ya sea a base de innecesarios remakes, prescindibles secuelas o refritos presuntamente originales, ha repercutido visiblemente en la propia manera en que estos productos se anuncian. De igual modo que se lanzan cintas de terror como churros, hechas en serie a partir de fotocopias y retales reciclados, sus carteles son también, y salvo muy contadas excepciones, totalmente genéricos, intercambiables, anodinos e impersonales; a menudo, copias pobres y baratas de fórmulas que funcionaron en su momento. En el mejor de los casos, incluso, son mejores que la película misma. En el peor, son lo único que nos provoca espanto. Y es que, parafraseando el refrán popular, el póster es sin duda el mejor reflejo del alma de un film tanto para lo bueno como para lo malo. ¿Qué se puede esperar cuando tienen alma de plástico?

Para recordar los tiempos en los que el cartel de cine era sinónimo de arte, en Pleasure of Nightmares han ido recopilando varias galerías de afiches de terror que destacan por su imaginación, inteligencia, creatividad y contundencia a la hora de plasmar los contenidos de la película que representan. No todos los seleccionados pertenecen a largometrajes antiguos, pues, como les decía, afortunadamente hoy día todavía nos encontramos de vez en cuando con algunas ocasionales muestras de talento, originalidad y carácter entre tanto clon. Ya me contarán, o no, cuáles son sus preferidos, y si echan de menos o de más alguno, que no todo lo voy a decir yo. Además, creo que no hay género más apropiado para acompañar algo tan gore como la Semana Santa.

En la imagen: Cartel de “Zombi” © 1978 Laurel Group. Todos los derechos reservados. Cartel de “Hard candy” © 2005 Aurum. Todos los derechos reservados. Cartel de “Nosferatu, vampiro de la noche” © 1979 Werner Herzog Filmproduktion, Zweites Deutsches Fernsehen y Société des Etablissements L. Gaumont. Todos los derechos reservados.

Miércoles 12 Marzo 2008

Varias décadas antes de que los palabras tunning y tuneo entraran a formar parte del vocabulario popular, en Estados Unidos ya existía un concepto similar conocido como hot-rod (sírvase con o sin guión según el gusto), y que no consistía en otra cosa más que en la personalización de los vehículos motorizados, no sólo para que tuvieran un aspecto único y distintivo acorde con el estilo de su dueño, sino, sobre todo, enfocada a la manipulación del motor con la intención de que alcanzaran más velocidad. Aunque el fenómeno del hot rod despegó en la década de los 30, experimentó su mayor auge entre los años 50 y 60, cuando la juventud norteamericana se lanzó a manipular sus automóviles y a protagonizar sus particulares competiciones en el asfalto. Ni que decir tiene que la sociedad puritana de la época vio aquello como otra manifestación más del Demonio, al igual que el rock and roll y la televisión.

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El cine no se mantuvo ajeno a esta fiebre e inauguró así un subgénero llamado hot rod movies, que en español no son ni más ni menos que las típicas películas de coches y carreras. Estas cintas, normalmente de bajo presupuesto, estaban dirigidas principalmente al público juvenil, que se sentía identificado y seducido por el mensaje de libertad, rebeldía, competición, marginalidad, reafirmación y peligro que suele asociarse a la velocidad y a la gasolina. Buena parte de sus monotemáticos y amarillistas títulos incluían la palabra “hot rod”, mientras que las tramas, protagonizadas igualmente por adolescentes o post-adolescentes y muy estereotipadas, por lo general giraban en torno a rivalidades entre machos o bandas, conflictos generacionales y amorosos, delincuencia y accidentes. En fin, que junto a la acción sobre ruedas, ya fuera en forma de carreras o de persecuciones, no faltaban otro tipo de emociones fuertes, y abundaban todo tipo de curvas. A menudo los coches eran sustituidos o estaban acompañados por motocicletas o motos. En consonancia con sus salvajes ingredientes, los carteles con que se anunciaban eran potentes y llamativos, tanto por sus crispadas imágenes como por las sensacionalistas frases promocionales que utilizaban. Solían seguir dos líneas: la buenrollista, donde el centro de atención era alguna tía buena que daba la salida a los vehículos o se contoneaba entre los conductores; y la malrollista, en los que aparecían peleas, chicas malas, colisiones y persecuciones.

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Algunos largometrajes representativos de esta corriente fueron producciones como “Hot rod rumble”, “Hot car girl”, “Hot-rod girl”, “The choppers”, “Hot rods to Hell”, “Teenage thunder”, “High school hellcats”, “Thunder road” (escrita, protagonizada y producida por nada menos que Robert Mitchum) o “T-Bird gang”, entre muchos otros, si bien las cintas más famosas y más comerciales ligadas a este movimiento las encontramos en dos clásicos como “Rebelde sin causa”, protagonizada por James Dean, y “American graffiti” de George Lucas. Si quieren continuar por esta misma carretera, en Astounding B Monster y The Video Beat encontrarán una lista de los largometrajes más emblemáticos de la carrocería hot rod. Y no dejen de contemplar los divertidos pósters que se hallan disponibles CineMasterpieces, Movie Poster Service y Go Kat Go. Por último, merece la pena echarle un vistazo al interesante cortometraje documental de 1953 “The cool hot rod”: Parte 1 | Parte 2.

En las imágenes: Cartel de “Hot-rod girl” © 1956 Nacirema Productions. Todos los derechos reservados. Cartel de “Dragstrip riot” © 1958 Transworld Productions. Todos los derechos reservados. Cartel de “Motor psycho” © 1965 Eve Productions. Todos los derechos reservados. Cartel de “The choppers” © 1961 Rushmore Productions. Todos los derechos reservados. Cartel de “Hot cars” © 1956 Schenck-Koch Productions y Bel-Air Productions. Todos los derechos reservados. Cartel de “Chrome and hot leather” © 1971 AIP. Todos los derechos reservados.

Viernes 22 Febrero 2008

Aquellos que tienen el privilegio de conocerme desde hace tiempo —a mí y a mi modestia enfermiza—, sabrán que uno de mis clásicos favoritos de la Serie B de los años 50 es “Creature from the Black Lagoon”, una aventura de ciencia-ficción y terror, concebida originariamente en 3D, que en España fue maltitulada como “La mujer y el monstruo”. Entre las muchas razones que han convertido a esta película de Jack Arnold en un referente de culto para mí, destacan dos, y son así de simples: su monstruo anfibio y su cartel (o carteles). No cabe duda de que, a lo largo de la Historia, el género fantástico nos ha regalado criaturas mucho más interesantes y ricas que este Hombre-Agalla tanto desde un punto de vista psicológico como antropológico, pero, no me pregunten por qué, su atractivo diseño —una especie de híbrido entre pez, rana, reptil y humano—, la potente estética que aporta al film y su poder icónico me fascinan.

Esto viene a cuento porque hace un rato me he enterado de la muerte de Ben Chapman, el actor que se metió en la escamosa y resbaladiza piel de la Bestia que atemorizaba a la Bella Julie Adams, pero sólo cuando pisaba tierra firme —en las escenas acuáticas era el buceador y ocasional cineasta Ricou Browning quien se encargaba de darle vida—. Si le echan un vistazo a la ficha de Chapman en la IMDB, comprobarán que la carrera en el cine de este veterano de la Guerra de Corea y ex bailarín tahitiano no fue ni larga ni próspera —cuatro intervenciones, y tres de ellas sin acreditar; el colmo de la fama—. Quitando su participación en una serie de televisión, donde no en vano hizo de The Gill Man, la Criatura de la Universal se convirtió en el papel de su vida en un sentido figurado, aunque sobre todo en el sentido más literal. Ni siquiera contaron con él para las dos secuelas.

Eso sí, la veneración que despierta aún en la actualidad la cinta le había permitido vivir de rentas, como mínimo sentimentalmente hablando: hasta hace bien poco, todavía se paseaba por convenciones, festivales y demás eventos frikis. Además, viendo su foto, algunos de ustedes incluso se preguntarán si realmente habría necesitado ese sofisticado disfraz para encarnar a la bestia. A modo de homenaje, les dejo con un par de enlaces de interés: The Reel Gillman, página dedicada a todo lo relacionado con Ben Chapman y la película; y Creature from The Black Lagoon Website, un auténtico altar repleto de abundante, exclusivo y jugoso material sobre esta saga. También pueden ver un reportaje-entrevista con Chapman, el sensacional(ista) tráiler original del largometraje, y varias escenas y montajes.

En las imágenes: Detalle del cartel, foto de rodaje y fotograma de “La mujer y el monstruo”© 1954 Universal International Pictures. Todos los derechos reservados. Fotografía de Ben Chapman © The Reel Gillman. Todos los derechos reservados.

Lunes 4 Febrero 2008

Al principio me he quedado absolutamente pillada con esta galería de carteles japoneses de clásicos del terror y la ciencia-ficción USA de Serie B, entre los que se encuentran bastantes ediciones de la legendaria Hammer. Diseños enfermizamente sobresaturados de figuras, colores y letras en los que se da rienda a los contenidos más macabros, sensacionalistas y mórbidos. En fin, una delicia la mar de divertida. Pero, como decía, esto tan sólo era el principio…

La cuestión es que se trata de una web en japonés y no tenía ni pajolera idea de lo que decía, pero, inspeccionando por los diferentes enlaces de su índice, he descubierto que me hallaba ante un auténtico templo consagrado al cartelismo procedente del país del Sol Naciente. Y es que la página incluye muchas otras colecciones dedicadas a distintos géneros, caso del western, el thriller, la acción, la comedia y el romance.

Eso sin mencionar su apartado de estrellas, donde se dan cita Clint Eastwood, Steve McQueen, Alain Delon, Audrey Hepburn, John Wayne, Charlton Heston, Jean-Paul Belmondo, Catherine Deneuve y Alfred Hitchcock. Por si fuera poco, este exuberante surtido se completa con versiones niponas de los pósters de James Bond, publicidades de sesiones dobles, programas de mano de cine de terror, afiches de terror japonés y anuncios de estrenos actuales. ¡Wasabi!

En la imagen: Capturas de Moeru Movie - Copyright © 2007. Todos los derechos reservados.

Martes 8 Enero 2008

Contemplar su fantástica colección de carteles franceses procedentes del cine negro americano clásico ya sería motivo suficiente para dedicarle un amplio paseo a Les Affiches Françaises du Film Noir Américain. Divididos en varias galerías según la temática de las películas a las que pertenecen (”Policíaco urbano”, “El elogio de la ley”, “La pareja en peligro”, “La mujer en el origen del desorden” y “Tríos”), todos los pósters están acompañados de información relativa a su edición, autor y a la producción en general, pudiendo conocer de paso algunas interesantes explicaciones acerca de su diseño y composición.

Pero es que además todos los detalles del exquisito diseño de este sitio han sido concebidos para que, cuando entremos, nos sintamos automáticamente transportados a los ambientes turbios, y no por ello menos glamurosos, que constituyen el alma del film noir. No olviden disfrutarlo con los altavoces encendidos. Además, si dominan el francés, podrán consultar documentación adicional sobre el papel del afiche, sus técnicas y el trabajo del cartelista, así como bibliografía relacionada con el género.

En la imagen: Cartel de “El beso de la muerte” © 1948 Boris Grinson. Todos los derechos reservados. Cartel de “Anatomía de un asesinato” © Georges Kerfyser. Todos los derechos reservados. Cartel de “Mientras Nueva York duerme” © Roger Soubie. Todos los derechos reservados.

Viernes 21 Diciembre 2007

Como les comentaba ayer mismo, Josep Soligó fue uno de los artistas más representativos del cartelismo español, aplicado en este caso al diseño de los antiguos folletos promocionales, también conocidos como prospectos. En esta web titulada así mismo, Programas de Cine, se encuentra recogida una extensísima muestra de sus creaciones, entre ellas, las dedicadas a clásicos tan populares como “Ultimátum a la Tierra”, “¡Viva Zapata!”, “Sinuhé, el egipcio”, “Río sin retorno”, “Sangre y arena”, “Sherlock Holmes contra Moriarty”, “Náufragos”, “Niágara”, “Que el Cielo la juzgue”, “Qué verde era mi valle”, “Me siento rejuvenecer”, “Laura”, “Las nieves del Kilimanjaro”, “La túnica sagrada”, “Eva al desnudo”, “Crimen perfecto”, “Cómo casarse con un millonario”, “Carta a tres esposas” o “Cantando bajo la lluvia”.

Sin embargo, las sorpresas que nos depara esta ciber-joya del coleccionismo no terminan aquí. El autor del sitio también ha tenido a bien compartir un buen montón de afiches originales de estrellas del cine clásico, la mayoría de los cuales hasta llevan su autógrafo incluido en la foto. Por si fuera poco, no dejen de echarle un vistazo a mi galería favorita, la de troquelados. Como su propio nombre indica, los troquelados eran un tipo de programas de mano especiales, de bordes recortados, desplegables o bien en tres dimensiones, que se caracterizaban por tomar las más pintorescas formas dependiendo de la temática de cada película. Para comprobar lo que podía dar de sí su composición, aquí tienen los ejemplos de “La guerra de los mundos”, “El último mohicano”, “Los ladrones somos gente honrada”, “Mi corazón te guía”, “La guitarra de Gardel”, “La malquerida”, “El libro de la selva”, “El mayor espectáculo del mundo” , “Arco de triunfo”, “La reina de Nueva York”, “Noche sin estrellas” , “Serenata nostálgica”, “Tambores lejanos”, “Tabú” y “El coloso de Boston… Una maravilla.

En la imagen: Capturas de pantalla procedentes de la web Programas de Cine - Copyright © 2007. Todos los derechos reservados.

Jueves 20 Diciembre 2007

Siempre he pensado que es una verdadera lástima que se haya perdido la tradición de repartir programas de mano entre los espectadores que acuden a la salas de cine; tradición que, por si se les ocurre la desfachatez de echarme más años de la cuenta, aclaro que ya se encontraba más que extinguida desde hacía mucho tiempo cuando yo vine a este mundo. Me refiero a esos folletos que se entregaban antiguamente con fines promocionales y que llevaban impresa una versión local del cartel junto con alguna información básica de la película y los horarios de proyección.

Existiendo como existen en la actualidad otros medios de publicidad, entiendo que aquellos prospectos hayan perdido su sentido original. Aún así, se podría haber conservado alguna fórmula alternativa, aunque sólo fuera para un uso más personal y nostálgico, como un simple recuerdo material que te llevas de la película o de determinada proyección. Claro que hoy en día esa clase de memoria sentimental también tiene un precio; se llama merchandising. Ahora a lo máximo a lo que puedes aspirar es a llevarte una de esas hojitas con las notas de producción a un solo color que se encuentran disponibles en algunas salas o, con suerte, a los dossiers de los pases de prensa —ahora que no nos lee ninguna distribuidora, espero que dentro de unas décadas se coticen bien en eBay—. Pero está claro que el valor artístico y sentimental que tenían en sus orígenes ha quedado completamente arrinconado salvo excepciones. Y es que por aquel entonces había diseñadores de renombre que se especializaron en ilustrar este tipo de programas y algunos, como Josep Renau y Josep Soligó, crearon escuela.

Pese a que no son tantas como las dedicadas al coleccionismo de carteles, en Internet también se pueden encontrar algunas webs que centran su interés en aquellos viejos prospectos y, curiosamente, hay bastantes españolas. Una de ellas es la que enlazaba antes, Los Viejos Cines de Cuenca a Través de Sus Programas de Mano, que dispone de una pequeña pero muy interesante selección de antiguos programas de mano españoles, además de ofrecer información detallada sobre el tema. Y aunque se actualiza cada vez que llueve, o sea, muy poco, también merece la pena seguir el blog Programas de Cine, en el que su autor va publicando algunas coloristas e impactantes muestras de este olvidado arte propagandístico. Mañana continuamos con más, y puede que incluso mejor.

En la imagen: Capturas de pantalla procedentes del blog Programas de Cine y de la web Los viejos cines de Cuenca y sus programas - Copyright © 2007. Todos los derechos reservados.

Miércoles 21 Noviembre 2007

«Todo empezó cuando mi padre me pidió que le ayudara a limpiar el sótano. Hace casi diez años mi padre y yo descubrimos un montón de carteles olvidados en su trastero. Se los había regalado a principios de los 70 un amigo que trabajaba en un cine del vecindario. Había casi 200 pósters en total. Me los llevé a casa y, mientras los clasificaba, nació la pasión. Había grandes títulos como “Rebelde sin causa”, “2001: Una odisea del espacio”, “James Bond contra Goldfinger”, “Agente 007 contra el Doctor No” y muchos otros. Estaba cautivado por la belleza de los textos, las imágenes y los gráficos. Antes de que me diera cuenta, me había mordido el gusano de los carteles de películas, y he sido un ávido coleccionista desde entonces.»

Estas palabras de Dario Casadei quizás ayuden a explicar la sensación que tienes cuando entras a su página web titulada Vintage Movie Art, y en la que, lejos de encontrarte con el típico “almacén” o “contenedor” virtual de pósters, los detalles de su presentación destilan un cariño especial por el material que tiene entre manos. Vendría a ser la misma diferencia que existe entre ir a comprar al Dia o hacerlo en la tienda de delicatessen más pija de tu ciudad. El sitio no sólo ofrece una estupenda y exclusiva colección de carteles y lobby cards originales procedentes del cine clásico de todos los géneros —desde producciones comerciales hasta Serie B y exploitation—, y encima con la posibilidad de ampliarlos a un tamaño razonablemente bueno, sino que además su diseño incluye ciertos toques “para ambientar”, pero sin dejar por ello de ser accesible —y también algo hortera, todo hay que decirlo, porque las letras rojas y verdes sobre fondo negro se las traen—. Hay cuatro galerías disponibles: una especializada en afiches de largometrajes con “chicas malas”, otra para los mini-carteles de ventanilla, un tercer álbum de tarjetas de vestíbulo y, por último, la Velvet Room, consagrada a los pósters de mayores dimensiones. Qué gusto da encontrarse con joyitas de este tipo.

En la imagen: Captura de pantalla de la web Vintage Movie Art - Copyright © 2007 Dario Casadei. Todos los derechos reservados.

Viernes 16 Noviembre 2007

Trouble in Paradise, que toma su nombre de la comedia romántica de Ernst Lubitsch, es un blog de lo más recomendable tanto si lo que uno quiere es pasear una mirada nostálgica por los recuerdos que nos ha dejado el Hollywood más dorado, glamuroso y añejo, como si simplemente está interesado en encontrar imágenes pertenecientes al cine clásico, en especial por lo que se refiere a su etapa muda y a los primeros tiempos del sonoro. Su responsable publica regularmente suculento y exclusivo material, como fotogramas de películas, retratos de estrellas, carteles y lobby cards originales o portadas de revistas antiguas. Además, todos ellos se pueden ampliar a una buena resolución.

Entre sus últimas incorporaciones, las entradas dedicadas a las “chicas malas”, galanes, gorilas en el cine, iconos del terror, pósters de las películas de Claude Rains, la revista Film Fun, o actrices como Joan Crawford, Barbara Stanwyck, Carole Lombard, Ann Sothern, Constance Bennett, Sylvia Sidney, Janet Gaynor y Kay Francis, a las que se suma su surtido de bellezas varias. Teniendo en cuenta que este blog lleva más de dos años en activo, probablemente su archivo de imágenes ya haya superado en volumen al de cualquier fundación oficial.

En la imagen: Cabecera del blog Trouble in Paradise - Copyright © 2007. Todos los derechos reservados.