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Viernes 16 Mayo 2008

“Orange blossoms for Violet” es con toda probabilidad una de las joyas de la arqueología bizarra más espeluznantemente grotescas que ha sacado adelante un gran estudio, la Warner Bros. en este caso, en todos sus años de vida, incluidos, me atrevo a decir, los que están por venir. Si no ha pasado a la Historia es simplemente porque todos los que la han visto tratan de olvidar tan sórdida experiencia. Los que no lo han conseguido, coinciden en otorgarle un puesto de honor en las estanterías del Museo del Horror cuando se reúnen en el patio del psiquiátrico. Esta presunta comedia familiar, concebida en 1952 como parte de los cortometrajes de la serie “Looney tunes”, fue una de las primeras películas protagonizadas por animales reales actuando como personas a los que se les incorporaron voces humanas. Aunque, como podrán comprobar, esto último sea mucho suponer, ya que aún está por confirmarse la procedencia humana no sólo de las voces, sino del equipo creativo de semejante engendro diabólico. Respecto a la noción “animales reales”, viendo algunas de las criaturas que aparecen con aspecto de autómatas disecados, está claro que no se contempla como sinónimo de vivos, al menos no cerebralmente.

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Si el subgénero de los animales parlanchines, también llamado no en vano en ocasiones “horror animal”, no es que sea conocido precisamente por haber dado grandes frutos hasta nuestros días, salvo alguna que otra honrosa excepción, imagínense qué pudo salir de semejante concepto cuando a la precaria tecnología de la época le sumamos: a) la presencia de unos macacos con más estrés facial que Jim Carrey y el mismo sex appeal que el Fary comiendo limones, a los que, por si no resultaran suficientemente grimosos todavía con su oligofrénica imitación humana, se los acaba de ridiculizar embutiéndolos en unas pelucas y trajes estrafalarios; b) unas voces estrambóticas y chirriantes que sólo encajan con los movimientos de la boca cuando los animales están de espaldas a la cámara; c) una trama esperpéntica de folletín romántico barato plagada de situaciones surrealistas; d) ciertas observaciones racistas; y e) un sentido del humor desviado que se basa en la idea de que lo desagradable ha de ser por fuerza gracioso, así que esto debe de ser el descojone total. Como no quiero arruinarles las sorpresas que nos depara esta pesadilla, no les cuento más; simplemente véanla… si se atreven.

En la imagen: Fotograma de “Orange blossoms for Violet” - Copyright 1952 © Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados.

Miércoles 7 Mayo 2008

The Alamo Drafthouse es una legendaria sala de cine de Austin (Texas) que, entre otras cosas, acoge el Fantastic Fest y ofrece ciclos especiales dedicados a clásicos del género a lo largo de todo el año. Con el tiempo, se ha convertido en un centro de peregrinación para todos los aficionados al cine fantástico, de ciencia-ficción y de terror, que no sólo acuden atraídos por su selecta programación, sino porque esta sala independiente incluye un concepto revolucionario y diferente del entretenimiento. A título de ejemplo, delante de cada fila de butacas hay una larga mesa para que los espectadores puedan cenar o tomarse un refresco a gusto durante la proyección. Dentro de ese toque de distinción, el Alamo también es conocido porque sus responsables lanzan carteles personalizados de aquellas películas que exhiben, en lugar de utilizar las versiones oficiales como el resto de cines.

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Se los encargan a algunos reputados artistas y luego los ponen a la venta en ediciones limitadas, agotándose enseguida. En SlashFilm han estado recogiendo algunos de estos pósters, caso de las creaciones de Tyler Stout para títulos como “Golpe en la pequeña China” (y 2), “Jóvenes ocultos”, “Blade runner” o “La cosa”, los diseños de Todd Slater para “El paneta de los simios”, o los de Wes Wiship para “King Kong” y Jay Ryan para “2001: Una odisea del espacio”, entre otros. Pero esta original iniciativa no se agota con los clásicos, puesto que también han hecho lo propio con “Iron Man” y “Speed Racer”, ambos obra de Jesse Philips. Por lo visto, también es posible adquirirlos en Mondo Tees, una tienda virtual de la que os hablé con anterioridad a propósito de sus camisetas jeviatas de directores.

En la imagen: Carteles alternativos de “2001: Una odisea del espacio”, “Golpe en la pequeña China” y “King Kong” - Copyright © Jay Ryan, Tyler Stout y Wes Whiship. Todos los derechos reservados.

Lunes 5 Mayo 2008

Todo el mundo conoce “Jumper”, esa película de Doug Liman en la que Hayden Christensen se pasea por medio mundo gracias a sus extraordinarias habilidades y en la que Samuel L. Jackson luce uno de esos peinados que sin duda pasará a la Historia del Cine. Al filme no le fue mal en la taquilla, recaudando unos decentes 214 millones de dólares en todo el mundo, si bien dichas cifras tampoco es que aseguren el rodaje de una inmediata secuela (en la que, por cierto, esperemos que Diane Lane tenga una mayor presencia).

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El caso es que, teniendo en cuenta lo anterior, me llama la atención que a distintas personas se les haya ocurrido la misma idea: sobreponer el audio del tráiler de “Jumper” con el de distintas escenas de la serie de televisión “Smallville”. Muy bien, cierto que uno de los dones de Clark Kent es el de la supervelocidad y que los efectos especiales de algunos pasajes del filme pueden parecerse a los de dicha producción para la pequeña pantalla, pero, en fin, me resulta chocante que se haya dado esta curiosa coincidencia. El resultado de semejante experimento pueden disfrutarlo tanto en español como en inglés. No es por ser patriota, pero lo cierto es que me gusta bastante más cómo ha quedado el primero.

En la imagen: Hayden Christensen en “Jumper” © 2008 Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados. Tom Welling en “Smallville” © 2001-2008 Warner Bros. Television, Tollin/Robbins Productions y Millar Gough Ink. Todos los derechos reservados.

Martes 22 Abril 2008

Ahora que Harrison Ford le ha pasado el plumero al sombrero de Indiana Jones, que Sylvester Stallone ha resucitado de sus cenizas por partida doble con “Rocky Balboa” y “John Rambo”, y que Bruce Willis ha recuperado el tono con “La jungla 4.0″, nada más oportuno que sacar a colación este cáustico sketch animado que lleva por título “The Geriatric Action Heroes”, y donde tres de los más populares héroes de acción de los últimos años salen de su plácido retiro y vuelven a la carga, aunque sea a la carga de un andador, para salvar al mundo de esa amenaza llamada Heather Mills.

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Por si no saben quién es esta buena mujer, algo que nadie en su sano juicio les reprocharía, les ayudará conocer que se trata de la conflictiva ex señora esposa de Paul McCartney, una antigua modelo de pasado turbio, bueno, más que turbio, diáfanamente desnudo, que, como la mayoría de pendones desorejados que creen que necesitan hacer un lavado de imagen, ahora se dedica a apoyar causas tan variopintas como las de los amputados por minas y los derechos de los animales. Volviendo al vídeo, la verdad es que las caricaturas están bien conseguidas, pero, más allá de eso, han sabido aprovechar la situación y algunos gags no tienen desperdicio.

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El número forma parte del programa satírico “Headcases” de la británica ITV, una especie de “Spitting image” (o de su versión española “Las noticias del guiñol”) pero que, en lugar de muñecos, utiliza la animación 3D. Tienen otras afiladas parodias a las que merece la pena echarles un vistazo, como ésta dedicada al choque de divismos entre una descocada Helen Mirren, Kate Winslet y Judi Dench, o esta otra que se ceba con la pareja Angelina Jolie y Brad Pitt, y más en particular con los celos dominantes de la primera y con su afán por coleccionar hijos adoptados multiétnicos como quien colecciona Barriguitas del Mundo.

En las imágenes: Fotogramas de “Headcases” - Copyright © 2008 ITV Productions. Todos los derechos reservados.

Lunes 14 Abril 2008

Que los superhéroes y otros iconos de Hollywood están montados en el dólar es un hecho indiscutible. Sin embargo, en Flickr se puede ver una curiosa colección de fotografías de billetes titulada “Defaced Presidents” que pone sobre el (verde) papel dicha expresión.

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Así, nos encontramos con que alguien ha dibujado encima de la imagen de los presidentes de Estados Unidos a Batman, a uno de los protagonistas de “Tron”, a Leónidas de “300″, a Daredevil, a Superman o a Spock, entre otros personajes de ficción o reales. Seguramente, si pudieran participar en las elecciones, más de uno las ganaría de calle. En cualquier caso, nadie podrá negar que éste es un tipo de arte que se cotiza. [Vía Slash Film ]

En la imagen: Uno de los billetes de “Defaced presidents” - Copyright © Joe D!. Todos los derechos reservados.

Lunes 7 Abril 2008

Otra corriente dentro de los títulos de crédito que ha ido captando nuevos adeptos con el tiempo y que, dada su rentabilidad, nunca se pasará de moda, es la de los “trepamuros” o “grafiteros”; es decir, aquellos que usan la superficie de una pared, ya sea real o generada por ordenador, como soporte material para el desfile de nombres que han participado en la película. Así como los objetos sirven para adelantarnos información sobre los protagonistas de la ficción que estamos a punto de ver, las paredes nos hablan acerca del escenario donde se desarrolla la acción, normalmente un entorno urbano, un edificio, un monumento o una casa, que en muchas ocasiones prácticamente ejercen como un personaje más dentro de la trama o tienen un peso muy específico.

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Seguramente todos recordaréis dos casos aún recientes que llamaron mucho la atención por su singular diseño en este sentido: por un lado, tenemos la introducción de “La habitación del pánico” de David Fincher, en la que los créditos del equipo toman la forma de enormes rótulos suspendidos sobre las fachadas de los edificios de una gran ciudad como Nueva York; por otro, la versión animada del “Hostage” de Bruce Willis, donde las letras aparecen como dibujadas o sobreimpresas a modo de carteles encima de construcciones, tapias, tableros, rejas y calles. En consonancia con el tono de cada cinta, la primera es más sobria, clásica y estática, pero también más majestuosa, refinada y desangelada, mientras que en la segunda, en su vertiente moderna, desenfadada y dinámica, los colores rojo y negro ayudan a avanzarnos los contenidos violentos del argumento de este producto de acción. Pues bien, como suele suceder, una vez más nos encontramos con que fue Saul Bass quien marcó la pauta de esta tendencia entre finales de los años 50 y principios de los 60. Primero lo hizo con los ya míticos títulos de crédito que realizó para el clásico de Alfred Hitchcock “Con la muerte en los talones”, protagonizado por el sin par Cary Grant: una red de líneas paralelas señala las coordenadas por las que se desplazan las letras —hay que recordar que el título original de la película es “North by northwest”—, hasta que finalmente el entramado se acaba convirtiendo en la fachada acristalada de un edificio sobre el que se refleja el tráfico.

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Un par de años más tarde usó una variante aladrillada y artesanal en los grafiteros créditos finales de “West Side story”: esta vez los nombres de los firmantes —nunca mejor dicho— se nos ofrecen escritos a mano sobre un muro, respaldadando de paso el ambiente pandillero en el que transcurre este emblemático musical de Robert Wise y Jerome Robbins. Aunque mañana pondré más ejemplos dentro de esta línea, así como algunas interesantes muestras que aportan cierta novedad a lo ya visto, empecemos con unas cuantas primas hermanas de las anteriores que nos han llegado últimamente. ¿Qué decir, por ejemplo, de los títulos de crédito de “Noche en el museo”, salvo que recuerdan sospechosamente a los mencionados de “La habitación del pánico” (podéis verlos en la sección “The Work” de la web del estudio responsable)? Quizás sirva como excusa que los dos pertenecen a la misma compañía… ¿Y sobre los del largometraje colectivo holandés “Allerzielen” y los del cortometraje de factoría británica “The stick up”? Ambos vuelven a darle vueltas al mismo recurso, si bien el primero —una cinta sobre las consecuencias del asesinato del cineasta Theo van Gogh— introduce como ingrediente adicional la marca de tiza que se traza alrededor de un cadáver —algo a lo que, de hecho, Saul Bass tampoco es del todo ajeno—.

Viene de:

En las imágenes: Detalle de los títulos de crédito de “West Side story” © 1961 The Mirisch Corporation, Beta Productions y Seven Arts Productions. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “La habitación del pánico” © 2002 Columbia TriStar. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “Con la muerte en los talones” © 1959 Metro-Goldwyn-Mayer (MGM). Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “Allerzielen” © 2005 Added Films International, Column Productions, De Productie, Isabella Films B.V., Lemming Film, Motel Films, Phanta Vision Film International B.V. y Stiching Allerzielen. Todos los derechos reservados.

Viernes 28 Marzo 2008

Tampoco han faltado las películas que se han ayudado de los objetos, o mejor dicho, de su acumulación desmesurada y metódica, para plasmar la obsesión que atenaza a determinado personaje, o como síntoma de un enfermizo anhelo de posesión y control que va más allá de lo material y anecdótico, y que a menudo se ha asociado a una mente criminal. Tal era el caso del clásico de William Wyler “El coleccionista” o de “El viaje de Felicia” de Atom Egoyan, por poner dos ejemplos que ahora me vienen a la cabeza. Ese afán recopilatorio también se dejaba ver en los títulos de crédito del aún cercano debut en la dirección del actor Liev Schreiber, “Everything is illuminated (Todo está iluminado)” —de nuevo, tendrán que acudir al apartado “Feature Titles” de la web del estudio responsable para ver el vídeo—.

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Aquí el impulso coleccionista de Elijah Wood surgía de una necesidad de preservar la memoria familiar e histórica, de la búsqueda desesperada de unas raíces; circunstancia que no podría haber sido expresada de una forma mejor que como se hizo: a través de la imagen de unos insectos encapsulados en ámbar y de una exposición de retratos antiguos que aparecen convenientemente colgados a lo largo de un extenso mapa —¿a quién le cuesta adivinar que, además, hay un viaje por medio?—. Otras veces, las pertenencias adquieren estatus de bienes o trofeos, se convierten en el vanaglorioso testimonio de éxitos pasados o presentes, como ocurre en la exhibicionista introducción de “Semi-Pro” —pulsen en “The Work” para acceder a ella—, una comedia deportiva todavía pendiente de estreno en España, protagonizada de nuevo por Ferrell. Las fotografías vuelven a ser las estrellas, pero con un sentido y dentro de un marco —además literal— bien distintos. O también puede ser que la repetición de un mismo motivo se deba, simple y llanamente, a que el objeto en cuestión es el protagonista del propio título de la cinta, caso de la monotemática presentación de “La bufanda verde”. Bueno, o a eso, o a que el presupuesto no daba más de sí, y suerte que la abuela del director era aficionada al punto-media. En cualquier caso, los podrán tachar de sosos, pero nunca de fríos.

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Ya habíamos visto también cómo objetos en principio anodinos eran capaces de representar simbólicamente el tema o argumento de una cinta, haciendo suya esa máxima de que una imagen vale más que mil palabras —o, en este caso, más que mil acciones—. Una muestra todavía más gráfica, aunque desde luego mucho menos sutil y perspicaz —¡no le pidan peras a una comedia romántica al servicio de Lindsay Lohan!—, se halla en la animosa entrada de “Devuélveme mi suerte”. A ver, a ver… ¿Qué podríamos esperarnos en los títulos de crédito de una película que, como su propio nombre indica, gira alrededor de la suerte? Pues faltaría más: un trébol de cuatro hojas, un llavero hecho con una pata de conejo, monedas, dados, una herradura, un salero derramado, un gato negro o una escalera. ¡La imaginación al poder! En otros títulos de crédito, sin embargo, los objetos combinan ambas vertientes, la descriptiva y la simbólica; funcionan al mismo tiempo como posesiones personales, reflejo de un determinado ambiente y resumen o adelanto de la trama. Dentro de esta categoría “mixta” tenemos la animación de aires retro, chic pero algo insípida, que daba paso a “Desenfocado” o el desfile un tanto kitsch de personajes, objetos y escenarios que precede a la colombiana “Paraiso travel”.

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A menudo también sucede que una única cosa es a la vez símbolo y protagonista de la acción. Sin ir muy lejos, la trayectoria de una bala, desde su proceso de fabricación hasta el fatídico momento en que encuentra a su destinatario último, se encargaba de abrir, de forma tan brillante como rotunda, la crítica “El señor de la guerra” —En realidad, la “carrera armamentística” en los títulos de crédito daría para hablar largo y tendido (tan largo y tendido, de hecho, como lo están sus víctimas). Por citar tan sólo dos ejemplos más, en “El mañana nunca muere”, además de relojes y circuitos, teníamos que las balas se fusionaban con esculturales siluetas de chicas (ya de por sí bastante “cosificadas” en las películas de James Bond, todo hay que decirlo), mientras que en la última entrega de la saga, “Casino Royale”, Daniel Craig flotaba entre pistolas que disparaban figuras surgidas de una baraja de póquer—. Algo muy parecido pasa con la sofisticada y original cortinilla de “Devil’s drug”, realizada mediante animación digital: Una tarjeta de crédito, una raya de cocaína y un tubito para esnifar son los encargados de presentarnos a los responsables de este documental sobre la droga. De todas formas, bastaría con echarle un vistazo a esta escena del “Bitelchus” de Tim Burton para convencernos de que los objetos son cualquier cosa (ja-ja) menos inertes y pasivos. Menos da una piedra, oiga.

Viene de:

En las imágenes: Detalle de los títulos de crédito de “Everything is illuminated (Todo está iluminado)” © 2005 Warner Sogefilms. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “Devuélveme mi suerte” © 2006 Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “Paraiso travel” © 2008 Paraiso Pictures. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “Casino Royale” © 2006 Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “El señor de la guerra” © 2005 Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “Devil’s drug” © 2006 Suspicious Packaging. Todos los derechos reservados.

Miércoles 12 Marzo 2008

Varias décadas antes de que los palabras tunning y tuneo entraran a formar parte del vocabulario popular, en Estados Unidos ya existía un concepto similar conocido como hot-rod (sírvase con o sin guión según el gusto), y que no consistía en otra cosa más que en la personalización de los vehículos motorizados, no sólo para que tuvieran un aspecto único y distintivo acorde con el estilo de su dueño, sino, sobre todo, enfocada a la manipulación del motor con la intención de que alcanzaran más velocidad. Aunque el fenómeno del hot rod despegó en la década de los 30, experimentó su mayor auge entre los años 50 y 60, cuando la juventud norteamericana se lanzó a manipular sus automóviles y a protagonizar sus particulares competiciones en el asfalto. Ni que decir tiene que la sociedad puritana de la época vio aquello como otra manifestación más del Demonio, al igual que el rock and roll y la televisión.

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El cine no se mantuvo ajeno a esta fiebre e inauguró así un subgénero llamado hot rod movies, que en español no son ni más ni menos que las típicas películas de coches y carreras. Estas cintas, normalmente de bajo presupuesto, estaban dirigidas principalmente al público juvenil, que se sentía identificado y seducido por el mensaje de libertad, rebeldía, competición, marginalidad, reafirmación y peligro que suele asociarse a la velocidad y a la gasolina. Buena parte de sus monotemáticos y amarillistas títulos incluían la palabra “hot rod”, mientras que las tramas, protagonizadas igualmente por adolescentes o post-adolescentes y muy estereotipadas, por lo general giraban en torno a rivalidades entre machos o bandas, conflictos generacionales y amorosos, delincuencia y accidentes. En fin, que junto a la acción sobre ruedas, ya fuera en forma de carreras o de persecuciones, no faltaban otro tipo de emociones fuertes, y abundaban todo tipo de curvas. A menudo los coches eran sustituidos o estaban acompañados por motocicletas o motos. En consonancia con sus salvajes ingredientes, los carteles con que se anunciaban eran potentes y llamativos, tanto por sus crispadas imágenes como por las sensacionalistas frases promocionales que utilizaban. Solían seguir dos líneas: la buenrollista, donde el centro de atención era alguna tía buena que daba la salida a los vehículos o se contoneaba entre los conductores; y la malrollista, en los que aparecían peleas, chicas malas, colisiones y persecuciones.

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Algunos largometrajes representativos de esta corriente fueron producciones como “Hot rod rumble”, “Hot car girl”, “Hot-rod girl”, “The choppers”, “Hot rods to Hell”, “Teenage thunder”, “High school hellcats”, “Thunder road” (escrita, protagonizada y producida por nada menos que Robert Mitchum) o “T-Bird gang”, entre muchos otros, si bien las cintas más famosas y más comerciales ligadas a este movimiento las encontramos en dos clásicos como “Rebelde sin causa”, protagonizada por James Dean, y “American graffiti” de George Lucas. Si quieren continuar por esta misma carretera, en Astounding B Monster y The Video Beat encontrarán una lista de los largometrajes más emblemáticos de la carrocería hot rod. Y no dejen de contemplar los divertidos pósters que se hallan disponibles CineMasterpieces, Movie Poster Service y Go Kat Go. Por último, merece la pena echarle un vistazo al interesante cortometraje documental de 1953 “The cool hot rod”: Parte 1 | Parte 2.

En las imágenes: Cartel de “Hot-rod girl” © 1956 Nacirema Productions. Todos los derechos reservados. Cartel de “Dragstrip riot” © 1958 Transworld Productions. Todos los derechos reservados. Cartel de “Motor psycho” © 1965 Eve Productions. Todos los derechos reservados. Cartel de “The choppers” © 1961 Rushmore Productions. Todos los derechos reservados. Cartel de “Hot cars” © 1956 Schenck-Koch Productions y Bel-Air Productions. Todos los derechos reservados. Cartel de “Chrome and hot leather” © 1971 AIP. Todos los derechos reservados.

Lunes 10 Marzo 2008

The Secret Cavern of Read Along Treasures es uno de esos santuarios frikis que no deberían faltar en la linkoteca de todos aquellos aficionados a las rarezas divertidas y nostálgicas, menos todavía si tienen intención de quitarle un poco de óxido a su inglés. Este sitio ofrece mp3 de un buen número de audiolibros basados en populares películas, series de televisión y cómics, la mayoría de los cuales vivieron su máximo apogeo durante los años 80. Algunos reproducen los argumentos originales mientras que otros presentan aventuras alternativas protagonizadas por los mismos personajes.

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Pero lo verdaderamente llamativo de esta web no es la estética retro-kitsch de algunas de sus portadas o el nivel casposo-delirante que alcanzan ciertos audios y tramas, ni siquiera el hecho paradójico de que sean Rambo y Rocky quienes te vayan a enseñar a leer, sino que se trata del lugar idóneo para los más vagos. Aquí no sólo encontrarás a alguien que lea los libros por ti, sino que incluye vídeos que te permiten seguir las imágenes al mismo tiempo que escuchas el texto, ahorrándote de este modo el esfuerzo de tener que pasar tú mismo las páginas, como sucede en el caso de “Karate Kid”, “El Planeta de los Simios”, “El Increíble Hulk”, “El Imperio contraataca”, “Star Trek”, “El agujero negro”, “La Mujer Maravilla”, “Daredevil”, “The Man-Thing”, “Los 4 Fantásticos”, “Starfighter: La aventura comienza” o Spiderman. También es cierto que si se tratara de novelas porno “habladas”, el sistema “manos libres” resultaría todavía de más utilidad.

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Además de los mencionados, en la sección de Audio se dan cita James Bond, “El Coche Fantástico”, “Masters del Universo”, Batman, “Transformers”, Superman, Flash Gordon, “El Equipo A”, “Dr. Jeckyll y Mr. Hyde”, “Dune”, “Godzilla”, Robin Hood, “Los duques de Hazzard”, Astérix, “Gremlins”, “La guerra de los mundos”, “Los Cazafantasmas”, el Drácula de la Hammer, “V”, “Conan, el bárbaro”, “Indiana Jones y el templo maldito”, “Battlestar Galactica”, “Top gun. Ídolos del aire” o “Tron”, entre otras muchas joyitas. Finalmente, no dejéis de visitar su apartado titulado Music, que congrega algunas interesantes y bizarras bandas sonoras al completo, varias de ellas relacionadas con el cine espacial.

En las imágenes: Diferentes cubiertas de la web The Secret Cavern of Read Along Treasures - Copyright © Kid Stuff y Rainbow Records. Todos los derechos reservados.

Miércoles 13 Febrero 2008

Marcel es el monstruo estrella de un exitoso videojuego. Sin embargo, tras su amenazante apariencia se esconde un entrañable ser que está cansado de ejercer siempre como el malo de la función. Pero, cuando decida buscar un nuevo trabajo, descubrirá que quizás no exista otro papel posible para él… Aunque también puede ser que encuentre su verdadero sitio donde menos se lo espera.

Éste es el argumento de “Mauvais rôle”, un divertido cortometraje que combina animación digital con acción real, y que se apunta a la actual tendencia de humanizar a los villanos, mostrándonos las interioridades de algunos populares videojuegos con ingenio y mucho sentido del humor. Sus autores son un grupo de aventajados alumnos de la escuela francesa Sup’Infograph. Podéis descargároslo en diferentes formatos a través de la web oficial de la película, o verlo con subtítulos en inglés en Photonization (calidad alta) o en YouTube (baja).

En la imagen: Fotograma de “Mauvais rôle” - Copyright © 2007 Esra Bretagne. Todos los derechos reservados.