En el anterior cromo de la colección comentaba cómo muchos de los títulos de crédito recientes que se apoyan, tanto en sentido figurado como materialmente, sobre paredes o arquitecturas más amplias, caso de los de “La habitación del pánico” y “Hostage”, no hacen sino recoger el testigo dejado por Saul Bass varias décadas atrás, y más concretamente el de sus clásicas creaciones para “West Side story” o “Con la muerte en los talones”. Otro trabajo cercano que se inspira en sus diseños es la secuencia introductoria de la comedia romántica “Hasta que la ley nos separe”, donde, sobre el fondo de una serie de planos urbanos en movimiento, las letras del equipo se van estirando hasta formar líneas paralelas, cuadros y redes, al tiempo que las imágenes se dividen en bloques y desplazan hacia los cuatro lados como cortinillas. Errr… bueno, más o menos; mejor verlo directamente. De hecho, así a lo tonto, a lo tonto, se convierte en una síntesis perfecta, pero en versión moderna, de muchas de las constantes de la obra de Bass: formas geométricas y figuras quebradas en constante movimiento —Pese a tratarse de una versión mucho más pobre, la apertura del thriller “Falsa identidad”, anterior a la primera, también echa mano a la misma tijera—.

Tampoco el prólogo de los “Soñadores” de Bernardo Bertolucci escapa a los parentescos —de hecho, como decía mi compañera Almudena, la película entera está plagada de ellos—. Por mucho que aquí se cambien el cristal y el ladrillo por el metal de la parisina Torre Eiffel y se le añadan unas pinceladas de color, volvemos a toparnos con ese entramado como base por encima del cual descienden los créditos. Más letras estampadas sobre monumentos emblemáticos y con un intencionado tono retro, en los también llamativos títulos de crédito de “Good bye, Lenin!”, que ya nos ponían en antecedentes acerca del tema de esta película en la que Daniel Brühl se veía obligado a recrear la Alemania Oriental pre-caída del Muro para que su madre enferma continuara sumida en su burbuja comunista. Pero vayamos con un par de variaciones que, a pesar de seguir “dándose contra la pared”, supieron encontrar su propio estilo. Especialmente en el primer caso, porque si hablamos de títulos de crédito que se han ganado un espacio en la memoria por su originalidad y gracia, no podemos olvidarnos de la ya legendaria y exuberante animación, obra de Terry Gilliam, que servía como prefacio de “La vida de Brian”, el clásico del humor de los Monty Python. En este caso, no sólo se nos muestran los nombres de sus artífices grabados sobre piedra, sino que también son las propias letras, cayendo en plan Tetris, las que van construyendo los muros de esa Historia alternativa.

Aunque mucho menos vistosa y colorista, también resulta ingeniosa la aportación psicodiagnóstica que nos trajo “Spider” de David Cronenberg. Tratándose de una cinta que se mueve dentro del opresivo y atormentado mundo interior de su protagonista, qué mejor idea que convertir las manchas de humedad y los desconchados de una vieja y sórdida pared en las manchas del Test de Rorschach. Por supuesto, en este grupo también incluiríamos las de “El orfanato”, pero a ésas ya las pusimos “de cara a la pared” por copiarse de “El rapto de Bunny Lake”. Otras veces las paredes son unas completas “iletradas”, pero el recorrido que emprende la cámara a través de ellas, sumergiéndose por laberínticos pasillos y habitaciones, nos permite ir entrando en el decorado y en el ambiente anímico donde tiene lugar la acción principal de un largometraje, como ocurría en otros dos ejemplos próximos: el muy alabado comienzo de “Sweeney Todd, el barbero diabólico de la calle Fleet”, de Tim Burton —tras colarnos por una ventana, en la mejor tradición hitchcockiana, descubríamos las góticas y ensangrentadas interioridades (bueno, más que sangre, aquello era de puro bote Titanlux) de esa especie de “casa del terror” en su faceta gastronómica—, y el preámbulo de “Hellboy”, de Guillermo del Toro, también al rojo vivo, y que, dado que se trataba de la adaptación de un cómic, se ayudaba asimismo de la prensa escrita.
Viene de:
- Títulos de crédito (I): La seguridad de los objetos (I): Del escritorio al trastero pasando por el comedor
- Títulos de crédito (II): La seguridad de los objetos (II): Del tocador a la cocina pasando por el ropero, o “ese rico universo femenino”
- Títulos de crédito (III): La seguridad de los objetos (III): Coleccionistas versus individualistas, o “Hay un Freud en mi diván”
- Títulos de crédito (IV): Saul Bass, “El orfanato” y un parecido de rompe y rasga
- Títulos de crédito (V): Saul Bass y “Si las paredes hablaran…”, o cómo subirse por las ídem (I)
En la imagen: Detalle de los títulos de crédito de “Hasta que la ley nos separe” © 2004 DeAPlaneta. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “Soñadores” © 2003 Lauren Films. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “Spider” © 2002 Manga Films. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “La vida de Brian” © 1979 HandMade Films y Python (Monty) Pictures. Todos los derechos reservados.
Vaya, han pasado unos días desde la última vez que vine y ya tenía un montón de nuevos artículos sobre créditos para ver, que gustazo.
Saul Bass se merece la cobertura que le estas dando, un genio mil veces imitado. Lo del orfanato me di cuenta de que me sonaban de algo, pero no caía. Por cierto, que buena película Bunny Lake.
Los de Sweeney están curiosos, Burton suele prestar bastante atención a estas cosas. Ahí están casos como los geniales créditos de Ed Wood.
Un saludo!!!!
Pues sí, Joaquín, demasiada entrada para lo que luego es la película. Yo la vi por primera vez hace unos meses por la tele, y desde luego es el formato apropiado para estrenarla XD
Muchas gracias por tu interés, Roberfumi. Y sí, Burton es uno de los que cuidan mucho ese aspecto, algo que tampoco es de extrañar. Saludos!
Totalmente de acuerdo con vosotros: los de “Falsa identidad” me han dejado con la boca abierta… más que nada, porque creo que me la endiñaron una vez en el tren, pero me desperté cuando ya habían pasado los títulos de crédito… jamás pude imaginarme que tuviera una cabecera y una música así. ¡Cuánto esfuerzo digno de mejor causa!
Un saludo!
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Por cierto, genial la música de Mark Mancina acompañando a los títulos de crédito en “Falsa identidad”. Esos minutos son, sin duda, lo mejor de este telefilm… digo… largometraje.