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Miércoles 30 Abril 2008

Con la holgada experiencia que le proporcionan sus veinticuatro años y medio, Scarlett Johansson ha decidido que ya estaba preparada para sumarse a las filas de los artistas poliflagélicos. No sólo ha pegado el salto detrás de la cámaras, sino que también se ha propuesto estamparse directamente contra el mundo de la música. El 20 de mayo saldrá a la venta su álbum debut, “Anywhere I lay my head” (eso digo yo, ¿dónde te la habrás dejado?), en el que, haciendo gala de la humildad que se espera en un recién llegado, ha apostado por versionar temas de un tal Tom Waits, que por lo visto es un compositor en ciernes al que quiere ayudar a abrirse paso, acompañándose en los coros por otro protegido suyo, David Bowie, que también tendría poco futuro en solitario. Como anticipo, ya se ha dado a conocer el videoclip de su primer sencillo, “Falling down” (traducido: cayendo, hundiéndose), cuyo título ya nos pone sobre aviso de la trayectoria que nos depara la moza.

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¿Tan malo es?, se preguntarán ustedes. No, es peor que malo; es soporíferamente ridículo. La canción en sí, todo hay que decirlo, consigue escapar de lo mediocre para arrojarse en brazos de la anodino, y su voz tiene el mismo brillo que la de un mapache resfriado envuelto bajo cinco mantas, pero lo realmente absurdo es el vídeo, de una pose tan indie-wannabe, buscando epatar al personal, que hasta yo he llegado a preguntarme por qué, puestos a impresionar, no le habría dado por enseñar las tetas como a Paris Hilton. Aparte de tratarse de un ejercicio de autocontemplación bastante metido con calzador —la propia Scarlett es su protagonista, recreándose en planos de su persona tan apasionantes y seductores como los que nos proporcionaría una crónica documental sobre la depilación de su bigote con pinzas—, y de arrastrarse por tópicos tipo “qué duro y solitario es ser famosa”, “mira, mira, salgo con la cara lavada para que aprecies mi mundo interior” y “¿a qué huelen los globos de chicle?”, tiene ese estilo tan estudiadamente descuidado y anémico, y está tan plagado de imágenes vacías pero pretendidamente poéticas que no vienen a cuento —lo mismo sale por ahí en medio un insecto palo que Salman Rushdie, que siempre hace de muy intelectual… lo de Rushdie, no lo del insecto palo—, que seguro que Mari Sofi Coppola ha sido una de sus fuentes de expiración.

En la imagen: Fotograma del videoclip “Falling down” - Copyright © 2008. Todos los derechos reservados.

Martes 29 Abril 2008

Esto no es exactamente un cortometraje. Bueno, ni exactamente ni de forma imprecisa; no lo es, y punto pelota. Se trata de un anuncio realizado con animación 3D para promover el consumo de productos lácteos en Francia. Y no, tampoco lo firma ningún famoso ni está protagonizado por una estrella, así que en principio no habría ninguna razón para que figurara aquí. Pero como es la cosa más bizarra y aberrante que he visto en mucho tiempo, no he podido dejar pasar la oportunidad de enlazarlo. O sea, ¿cómo describirlo?… Para empezar, sepan que el organismo que se encuentra detrás es el Centro Nacional Interprofesional de la Economía Láctea, que al menos por el nombre suena a una cosa seria.

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Pues imagínense, para incitar a los críos a beber leche y a atiborrarse de mantequilla y yogur, que ya se sabe que es bueno para el desarrollo de los huesos, no se les ocurre otra cosa que sacar a una vaca gigante, con unas no menos mastodónticas ubres, que empieza a soltar leche a chorro por sus cuatro pezones encima de unos esqueletos de aspecto grimosamente edulcorado que representan a los niños. Y no les cuento más, porque esto es pa verlo. Sólo añadiré que parece que los publicistas responsables de esta cosa gestaran la idea en pleno viaje lisérgico y que hubieran dado rienda suelta a sus fantasías sexuales más delirantes. Es… no sé… es como un encontronazo entre Tim Burton y Benny Hill (o Russ Meyer, si lo prefieren) con la oligofrenia de los Teletubbies. Su página web también anda cercana al Horror.

En la imagen: Fotograma del anuncio de Les Produits Laitiers - Copyright © Centre National Interprofessionnel de l’Economie Laitière. Todos los derechos reservados.

Lunes 28 Abril 2008

Supongo que sacar a Danny DeVito metido en un 600 para alabar las virtudes de este coche sería la única forma de hacerlo pasar por un espacioso monovolumen. Algo parecido debieron de pensar los responsables de Volkswagen cuando le encargaron a un por entonces poco conocido Dustin Hoffman que promocionara las excelencias de uno de sus modelos, el Fastback, en este anuncio de 1966, realizado justo un año antes de saltar a la fama gracias a “El graduado”, con la que consiguió su primera nominación al Oscar®.

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Hablando de Mrs. Robinson, unos cuantos años más tarde, Hoffman continuaría fiel a la marca y protagonizaría este otro spot para el Audi A6 en el que él mismo se pone al volante para secundar la huida de una novia del altar, y que cuenta con una simpática sorpresa final. Claro que lo más sorprendente del asunto es saber que tenía detrás de las cámaras a Michael Bay… ¡y que no aparezca ni una sola explosión! La relación del actor con los automóviles dentro de la publicidad, aunque sea de forma indirecta, no se acaba aquí. El año pasado fue la estrella de un comercial para un servicio de telefonía móvil en Australia, donde sale hablando con un copiloto desde el mismo set de rodaje.

En la imagen: Dustin Hoffman en un anuncio de Volkswagen - Copyright © 1966 Volkswagen. Todos los derechos reservados.

Martes 22 Abril 2008

Ahora que Harrison Ford le ha pasado el plumero al sombrero de Indiana Jones, que Sylvester Stallone ha resucitado de sus cenizas por partida doble con “Rocky Balboa” y “John Rambo”, y que Bruce Willis ha recuperado el tono con “La jungla 4.0″, nada más oportuno que sacar a colación este cáustico sketch animado que lleva por título “The Geriatric Action Heroes”, y donde tres de los más populares héroes de acción de los últimos años salen de su plácido retiro y vuelven a la carga, aunque sea a la carga de un andador, para salvar al mundo de esa amenaza llamada Heather Mills.

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Por si no saben quién es esta buena mujer, algo que nadie en su sano juicio les reprocharía, les ayudará conocer que se trata de la conflictiva ex señora esposa de Paul McCartney, una antigua modelo de pasado turbio, bueno, más que turbio, diáfanamente desnudo, que, como la mayoría de pendones desorejados que creen que necesitan hacer un lavado de imagen, ahora se dedica a apoyar causas tan variopintas como las de los amputados por minas y los derechos de los animales. Volviendo al vídeo, la verdad es que las caricaturas están bien conseguidas, pero, más allá de eso, han sabido aprovechar la situación y algunos gags no tienen desperdicio.

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El número forma parte del programa satírico “Headcases” de la británica ITV, una especie de “Spitting image” (o de su versión española “Las noticias del guiñol”) pero que, en lugar de muñecos, utiliza la animación 3D. Tienen otras afiladas parodias a las que merece la pena echarles un vistazo, como ésta dedicada al choque de divismos entre una descocada Helen Mirren, Kate Winslet y Judi Dench, o esta otra que se ceba con la pareja Angelina Jolie y Brad Pitt, y más en particular con los celos dominantes de la primera y con su afán por coleccionar hijos adoptados multiétnicos como quien colecciona Barriguitas del Mundo.

En las imágenes: Fotogramas de “Headcases” - Copyright © 2008 ITV Productions. Todos los derechos reservados.

Jueves 17 Abril 2008

Esta mañana me he pasado por el Salón del Cómic y, entre otras muchas cosas, he estado contemplando maravillada algunas de las figuras y reproducciones high quality de “La Guerra de las Galaxias” que vendían en algunos de los stands. Incluso me he planteado desembolsar una cantidad obscena de dinero por una máscara de un guardia imperial a tamaño real. Entonces he regresado a mi realidad económica y me he comprado un muñeco accionable de Chewbacca por una módica cantidad. Tan módica que sé que era de Chewie porque lo ponía en la etiqueta, pero les aseguro que podría haber pasado perfectamente por ser el boniato protagonista de los “Fruitis”… Pero en fin, tampoco estamos aquí para hablar de mis fantasías sexuales.

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Esto viene a cuento del siguiente vídeo, aunque, en realidad, simplemente estaba llenando líneas para compensar el texto con respecto a la imagen. La cuestión es que acabo de encontrarme en Slash Film con esta versión “cartón-piedra” de “El Imperio contraataca” que han realizado cuatro colgados, cuyos nombres ni siquiera voy a reproducir porque me da pereza hasta hacer un copy&paste. Bueno, he exagerado su presupuesto. No está hecha con cartón-piedra, sólo con cartón. ¿Sabéis cuando algo es tan cutre que te hace gracia? No se lo pierdan, en serio. La dramatización de los personajes, en especial el de Yoda, es la risa, quiera decir lo que quiera decir “dramatización”; era por darle nivel. Total, no dura casi nada y te ayuda a perder el poco sentido del ridículo que te queda por comparación.

En la imagen: Fotograma de la cutre-versión de “El imperio contraataca” - Copyright © Rob Kenyon. Mark Breeze, Paul Nadin, Jamie Broadrick y Leonora Whitehouse. Todos los derechos reservados.

Lunes 14 Abril 2008

¿Qué ocurriría si alguien se hubiera entretenido eliminando digitalmente todas aquellas aves que aparecen en el clásico de Alfred Hitchcock “Los pájaros”? Pues, entre otras cosas, que sus protagonistas parecerían alelados que huyen de amenazas inexistentes, o que son atacados por entes incorpóreos. Además, obviamente, convendría ir pensando en otro título.

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Martijn Hendriks, que por el nombre no parece ser de Móstoles, ha hecho la prueba como parte de un proyecto llamado “Give us today our daily terror”, cuyos resultados pueden comprobar en los siguientes fotogramas y divertidos vídeos con escenas de la película original, pero ya sin los dichosos plumíferos. ¿Se referirán a esto cuando hablan de matar dos pájaros de un tiro?

En la imagen: Fotogramas de “Los pájaros” sin pájaros - Copyright © Martijn Hendriks. Todos los derechos reservados.

Que los superhéroes y otros iconos de Hollywood están montados en el dólar es un hecho indiscutible. Sin embargo, en Flickr se puede ver una curiosa colección de fotografías de billetes titulada “Defaced Presidents” que pone sobre el (verde) papel dicha expresión.

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Así, nos encontramos con que alguien ha dibujado encima de la imagen de los presidentes de Estados Unidos a Batman, a uno de los protagonistas de “Tron”, a Leónidas de “300″, a Daredevil, a Superman o a Spock, entre otros personajes de ficción o reales. Seguramente, si pudieran participar en las elecciones, más de uno las ganaría de calle. En cualquier caso, nadie podrá negar que éste es un tipo de arte que se cotiza. [Vía Slash Film ]

En la imagen: Uno de los billetes de “Defaced presidents” - Copyright © Joe D!. Todos los derechos reservados.

Miércoles 9 Abril 2008

En el anterior cromo de la colección comentaba cómo muchos de los títulos de crédito recientes que se apoyan, tanto en sentido figurado como materialmente, sobre paredes o arquitecturas más amplias, caso de los de “La habitación del pánico” y “Hostage”, no hacen sino recoger el testigo dejado por Saul Bass varias décadas atrás, y más concretamente el de sus clásicas creaciones para “West Side story” o “Con la muerte en los talones”. Otro trabajo cercano que se inspira en sus diseños es la secuencia introductoria de la comedia romántica “Hasta que la ley nos separe”, donde, sobre el fondo de una serie de planos urbanos en movimiento, las letras del equipo se van estirando hasta formar líneas paralelas, cuadros y redes, al tiempo que las imágenes se dividen en bloques y desplazan hacia los cuatro lados como cortinillas. Errr… bueno, más o menos; mejor verlo directamente. De hecho, así a lo tonto, a lo tonto, se convierte en una síntesis perfecta, pero en versión moderna, de muchas de las constantes de la obra de Bass: formas geométricas y figuras quebradas en constante movimiento —Pese a tratarse de una versión mucho más pobre, la apertura del thriller “Falsa identidad”, anterior a la primera, también echa mano a la misma tijera—.

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Tampoco el prólogo de los “Soñadores” de Bernardo Bertolucci escapa a los parentescos —de hecho, como decía mi compañera Almudena, la película entera está plagada de ellos—. Por mucho que aquí se cambien el cristal y el ladrillo por el metal de la parisina Torre Eiffel y se le añadan unas pinceladas de color, volvemos a toparnos con ese entramado como base por encima del cual descienden los créditos. Más letras estampadas sobre monumentos emblemáticos y con un intencionado tono retro, en los también llamativos títulos de crédito de “Good bye, Lenin!”, que ya nos ponían en antecedentes acerca del tema de esta película en la que Daniel Brühl se veía obligado a recrear la Alemania Oriental pre-caída del Muro para que su madre enferma continuara sumida en su burbuja comunista. Pero vayamos con un par de variaciones que, a pesar de seguir “dándose contra la pared”, supieron encontrar su propio estilo. Especialmente en el primer caso, porque si hablamos de títulos de crédito que se han ganado un espacio en la memoria por su originalidad y gracia, no podemos olvidarnos de la ya legendaria y exuberante animación, obra de Terry Gilliam, que servía como prefacio de “La vida de Brian”, el clásico del humor de los Monty Python. En este caso, no sólo se nos muestran los nombres de sus artífices grabados sobre piedra, sino que también son las propias letras, cayendo en plan Tetris, las que van construyendo los muros de esa Historia alternativa.

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Aunque mucho menos vistosa y colorista, también resulta ingeniosa la aportación psicodiagnóstica que nos trajo “Spider” de David Cronenberg. Tratándose de una cinta que se mueve dentro del opresivo y atormentado mundo interior de su protagonista, qué mejor idea que convertir las manchas de humedad y los desconchados de una vieja y sórdida pared en las manchas del Test de Rorschach. Por supuesto, en este grupo también incluiríamos las de “El orfanato”, pero a ésas ya las pusimos “de cara a la pared” por copiarse de “El rapto de Bunny Lake”. Otras veces las paredes son unas completas “iletradas”, pero el recorrido que emprende la cámara a través de ellas, sumergiéndose por laberínticos pasillos y habitaciones, nos permite ir entrando en el decorado y en el ambiente anímico donde tiene lugar la acción principal de un largometraje, como ocurría en otros dos ejemplos próximos: el muy alabado comienzo de “Sweeney Todd, el barbero diabólico de la calle Fleet”, de Tim Burton —tras colarnos por una ventana, en la mejor tradición hitchcockiana, descubríamos las góticas y ensangrentadas interioridades (bueno, más que sangre, aquello era de puro bote Titanlux) de esa especie de “casa del terror” en su faceta gastronómica—, y el preámbulo de “Hellboy”, de Guillermo del Toro, también al rojo vivo, y que, dado que se trataba de la adaptación de un cómic, se ayudaba asimismo de la prensa escrita.

Viene de:

En la imagen: Detalle de los títulos de crédito de “Hasta que la ley nos separe” © 2004 DeAPlaneta. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “Soñadores” © 2003 Lauren Films. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “Spider” © 2002 Manga Films. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “La vida de Brian” © 1979 HandMade Films y Python (Monty) Pictures. Todos los derechos reservados.

Lunes 7 Abril 2008

Otra corriente dentro de los títulos de crédito que ha ido captando nuevos adeptos con el tiempo y que, dada su rentabilidad, nunca se pasará de moda, es la de los “trepamuros” o “grafiteros”; es decir, aquellos que usan la superficie de una pared, ya sea real o generada por ordenador, como soporte material para el desfile de nombres que han participado en la película. Así como los objetos sirven para adelantarnos información sobre los protagonistas de la ficción que estamos a punto de ver, las paredes nos hablan acerca del escenario donde se desarrolla la acción, normalmente un entorno urbano, un edificio, un monumento o una casa, que en muchas ocasiones prácticamente ejercen como un personaje más dentro de la trama o tienen un peso muy específico.

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Seguramente todos recordaréis dos casos aún recientes que llamaron mucho la atención por su singular diseño en este sentido: por un lado, tenemos la introducción de “La habitación del pánico” de David Fincher, en la que los créditos del equipo toman la forma de enormes rótulos suspendidos sobre las fachadas de los edificios de una gran ciudad como Nueva York; por otro, la versión animada del “Hostage” de Bruce Willis, donde las letras aparecen como dibujadas o sobreimpresas a modo de carteles encima de construcciones, tapias, tableros, rejas y calles. En consonancia con el tono de cada cinta, la primera es más sobria, clásica y estática, pero también más majestuosa, refinada y desangelada, mientras que en la segunda, en su vertiente moderna, desenfadada y dinámica, los colores rojo y negro ayudan a avanzarnos los contenidos violentos del argumento de este producto de acción. Pues bien, como suele suceder, una vez más nos encontramos con que fue Saul Bass quien marcó la pauta de esta tendencia entre finales de los años 50 y principios de los 60. Primero lo hizo con los ya míticos títulos de crédito que realizó para el clásico de Alfred Hitchcock “Con la muerte en los talones”, protagonizado por el sin par Cary Grant: una red de líneas paralelas señala las coordenadas por las que se desplazan las letras —hay que recordar que el título original de la película es “North by northwest”—, hasta que finalmente el entramado se acaba convirtiendo en la fachada acristalada de un edificio sobre el que se refleja el tráfico.

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Un par de años más tarde usó una variante aladrillada y artesanal en los grafiteros créditos finales de “West Side story”: esta vez los nombres de los firmantes —nunca mejor dicho— se nos ofrecen escritos a mano sobre un muro, respaldadando de paso el ambiente pandillero en el que transcurre este emblemático musical de Robert Wise y Jerome Robbins. Aunque mañana pondré más ejemplos dentro de esta línea, así como algunas interesantes muestras que aportan cierta novedad a lo ya visto, empecemos con unas cuantas primas hermanas de las anteriores que nos han llegado últimamente. ¿Qué decir, por ejemplo, de los títulos de crédito de “Noche en el museo”, salvo que recuerdan sospechosamente a los mencionados de “La habitación del pánico” (podéis verlos en la sección “The Work” de la web del estudio responsable)? Quizás sirva como excusa que los dos pertenecen a la misma compañía… ¿Y sobre los del largometraje colectivo holandés “Allerzielen” y los del cortometraje de factoría británica “The stick up”? Ambos vuelven a darle vueltas al mismo recurso, si bien el primero —una cinta sobre las consecuencias del asesinato del cineasta Theo van Gogh— introduce como ingrediente adicional la marca de tiza que se traza alrededor de un cadáver —algo a lo que, de hecho, Saul Bass tampoco es del todo ajeno—.

Viene de:

En las imágenes: Detalle de los títulos de crédito de “West Side story” © 1961 The Mirisch Corporation, Beta Productions y Seven Arts Productions. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “La habitación del pánico” © 2002 Columbia TriStar. Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “Con la muerte en los talones” © 1959 Metro-Goldwyn-Mayer (MGM). Todos los derechos reservados. Detalle de los títulos de crédito de “Allerzielen” © 2005 Added Films International, Column Productions, De Productie, Isabella Films B.V., Lemming Film, Motel Films, Phanta Vision Film International B.V. y Stiching Allerzielen. Todos los derechos reservados.

Jueves 3 Abril 2008

Si compartir bañera con John Malkovich no resultara por sí sola una situación lo bastante inquietante —sobre todo si te pide que le enjabones el pelo (?!)—, imagínense que además lo has desnudado y metido en el agua para hacerle una entrevista mientras le frotas el cuerpo serrano. Y por si fuera poco, que el entrevistador en cuestión es Craig Bierko, un actor que casi siempre hace de villano. ¿Surrealista? Pues espérense a ver algunos de los momentos que nos depara la pareja.

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La entrevista la ha colgado el propio Bierko, que desde hoy mismo me tiene rendida ante su polifacético y pluridisciplinar talento. No sólo es capaz de colgar vídeos en Internet, siendo actor como es, sino que, además, fíjense ustedes cómo no pierde en ningún momento el hilo de la conversación al tiempo que le pasa esa esponja marina a Malkovich por calva, espalda y brazos, con un esmero, delicadeza y mimo que ni dignos de culito de bebé. Aquí tienen una entrevista escrita con él, en la que habla sobre esta higiénica iniciativa y sus posibles futuras víctimas. Y a ustedes, ¿quién les gustaría que fuera el próximo en pasar por el tub? (Iba a meter este post en la categoría “Erotismo - Fetiches”, pero me lo he repensado porque fijo que no me se entendía).

En la imagen: Momento de “Bathing with Bierko” - Copyright © 2008 Superdeluxe. Todos los derechos reservados.